La
piedra mágica de Asturias
Los más viejos aún hablan de las noches en que el demonio subía por el río
Navia dando gritos, muy cerca de las casas. «¡Cede, demonio!», gritaban los
antiguos vecinos para ahuyentarlo. En Cedemonio, situado en el occidental
concejo de Illano, el demonio finalmente cedió. Y no dejó de ascender por el
río Navia por culpa de los pantanos de Doiras y de
Arbón.
No le hubiera costado demasiado saltarlos y seguir su camino. La
responsabilidad de la victoria sobre el demonio, hace cientos de años, es de un
mineral que abunda en la zona, la quiastolita Para liquidar al demonio, varios
monjes bernardos, según consta en un añejo documento encontrado en el
monasterio de Santa María, en Villanueva de Oscos, construyeron en Cedemonio
una ermita en honor a San Pedro. Los alaridos del demonio dejaron de
escucharse. Los monjes convinieron en que el milagro tenía su causa en esas
piedras que rodaban por los caminos de la aldea y en las que, por donde quiera
que se rompan, aparece una cruz perfecta. Desde entonces, aunque se las conoce
por otros muchos nombres paganos, las quiastolitas han tomado el de «piedras de
San Pedro».
Al final del Precámbrico, hace 650 millones de años, en Pannotia, el
supercontinente anterior a Pangea, nació la quiastolita, que es una variedad de
la andalucita y dio a luz a las piedras de San Pedro al entrar en contacto con
sedimentos arcillosos. Las «sampedras» sólo pueden encontrarse en los concejos
asturianos de Boal e Illano y en algunas zonas rocosas de la Patagonia
argentina y chilena. En América se conoce a la quiastolita por el nombre de
«piedra cruz del Sur». Todos los pueblos que han entrado en contacto con la
quiastolita la han usado como amuleto.. Son muchas las propiedades que se les
han atribuido a estas piedras a lo largo del tiempo. Siempre en dos
direcciones: alejar el mal o propiciar el bien.
En Cedemonio cogiendo agua de una fuente adornada con un “demoñín”
Los celtas utilizaban la quiastolita como carné de identidad. En la Edad Media,
los peregrinos que avanzaban hacia Santiago de Compostela por el camino
primitivo, que en Asturias transcurre desde Pola de Lena hasta Grandas, se
desviaban hacia Cedemonio. En los alrededores de la ermita de San Pedro
recogían una «sampedra» para asegurarse un buen viaje. La quiastolita también
era para los peregrinos la prueba con la que demostrar, de vuelta a casa, que
habían recorrido la ruta jacobea.
El secreto de la cruz de la quiastolita es la cristalización en macla: dos o
más cristales gemelos, orientados simétricamente respecto a un eje, se asocian.
El nombre del mineral proviene de la palabra griega «kiastós», que significa
«cruzado en aspa». La fórmula química de esta variedad de andalucita es SiO5Al2.
A partir de esta molécula es muy sencillo descifrar el código quiastolita:
«Satán invadirá el Occidente cinco veces. Andalucita lo liberará dos». De
momento, la piedra de San Pedro ya liberó al occidente de Asturias una vez, en
Cedemonio, hace cientos de años. Todavía le queda energía para una ocasión más.