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POESÍA
ÉPICA
HOMERO
- Ilíada I, 1-7
- Odisea I, 1-10
HESÍODO
- Teogonía 1-23; 30-32
- Trabajos y Días 1-10
HIMNOS
HOMÉRICOS
- H. XXVI: a Dioniso
- H. XXXII: a la Luna
BATRACOMIOMAQUIA 1-100
APOLONIO
DE RODAS
- Argonaúticas I, 1-22
HOMERO
Ilíada I,
1-7
La cólera canta, oh diosa, del Pélida Aquiles,
maldita, que causó a los aqueos
incontables dolores,
precipitó al Hades muchas valientes vidas
de héroes y a ellos mismos los hizo presa para
los perros
y para todas las aves - y así se cumplía el plan
de Zeus -
desde que por primera vez se separaron tras
haber reñido
el Atrida, soberano de
hombres, y Aquiles, de la casta de Zeus
Odisea I,
1-10
Musa, dime del hábil varón que en su largo
extravío,
tras haber arrasado el alcázar sagrado de Troya,
conoció las ciudades y el genio de innúmeras
gentes.
Muchos males pasó por las rutas marinas luchando
por sí mismo y su vida y la vuelta al hogar de
sus hombres,
pero a éstos no pudo salvarlos con todo su
empeño,
que en las propias locuras hallaron la muerte.
¡Insensatos!
Devoraron las vacas del Sol Hiperión e, irritada
la deidad, los privó de la luz del regreso.
Principio
da a contar donde quieras, ¡oh diosa nacida de
Zeus!
HESÍODO
Teogonía 1-23; 30-32
Comencemos nuestro canto por las Musas Heliconíadas,
que habitan la montaña grande y divina del
Helicón.
Con sus pies delicados danzan entorno a una
fuente de violáceos
reflejos y al altar del muy poderoso Cronión.
Después de lavar su piel suave en las aguas del
Permeso,
en la Fuente del Caballo o en el divino Olmeo,
forman bellos y deliciosos coros en la cumbre
del Helicón
y se cimbrean vivamente sobre sus pies.
Partiendo de allí, envueltas en densa niebla
marchan
al abrigo de la noche, lanzando al viento su
maravillosa voz,
con himnos a Zeus portador de la égida, a la
augusta Hera
argiva calzada con doradas sandalias, a la hija
de Zeus portador de la égida,
Atenea de ojos de lechuza, a Febo Apolo y a la
asaeteadora Ártemis,
a Posidón que abarca y sacude la tierra, a la
venerable Temis,
a Afrodita de ojos vivos, [a Hebe de áurea
corona, a la bella Dione,
a Eos, al alto Helios y a la brillante Selene,] a
Leto, a Jápeto,
a Cronos de retorcida mente, a Gea, al espacioso
Océano,
a la negra Noche y a la restante estirpe sagrada
de sempiternos Inmortales.
Ellas enseñaron una vez a Hesíodo un bello canto
mientras apacentaba sus ovejas al pie del divino
Helicón(...)
Y me dieron un cetro después de cortar una
admirable rama
de florido laurel;
e infundiéronme voz divina...
Trabajos y Días 1-10
Musas de la Pieria que con vuestros cantos
prodigáis la gloria, venid aquí,
invocad a Zeus y celebrad con himnos a vuestro
padre.
A él se debe que los mortales sean oscuros y
célebres; y por voluntad del poderoso Zeus
son famosos y desconocidos. Pues Zeus
altitonante que habita encumbradas mansiones
fácilmente confiere el poder, fácilmente hunde
al poderoso,
fácilmente rebaja al ilustre y engrandece al
ignorado y
fácilmente endereza al torcido y humilla al
orgulloso.
Préstame oídos tú que todo lo ves y escuchas;
restablece las leyes divinas mediante tu
justicia,
que yo trataré de poner a Perses
en aviso de la verdad.
HIMNOS HOMÉRICOS
A Dioniso (XXVI)
Comienzo por cantar al que ciñe de hiedra sus cabellos, al de poderoso
bramido, Dioniso, hijo ilustre de Zeus y de la gloriosísima Sémele, al que
criaron las Ninfas de hermosa cabellera, tras haberlo recibido en sus
regazos de su padre, el Soberano. Cariñosamente lo cuidaron en los
barrancos del Nisa, y él crecía por voluntad de su padre en una cueva
fragante, pero contado entre los inmortales.
Mas cuando las diosas acabaron ya de criar a quien sería motivo de muchos
himnos, ya entonces frecuentaba los boscosos valles, cubierto de hiedra y
lauro. Las Ninfas lo seguían a una, y él las guiaba. El fragor se adueñaba
del bosque inmenso.
Así que te saludo a ti también, Dioniso, pródigo en viñedos. Concédenos
llegar alegres a las próximas estaciones y a después de esas estaciones,
por muchos años.
A la Luna (XXXII)
Celebrad a la
eterna Luna de extensas alas, Musas de dulce
voz, hijas de Zeus Crónida, versadas en
el canto.
De ella, de
su cabeza inmortal, emana envolviendo a la tierra su resplandor, recogido en
el cielo, y mucha es la belleza que surge de su luz. Se ilumina el aire sin
luces con una corona de oro, y sus rayos brillan como la luz del día
cuando, tras haber bañado su hermoso cuerpo en el Océano, ataviada con
vestes que brillan en la lejanía, la divina Luna, una vez que ha uncido sus
espléndidos potros de poderosos cuellos, impulsa raudamente hacia delante
sus corceles de hermosas crines al atardecer, mediado el mes. Su gran
círculo se llena. Es entonces cuando surgen los más brillantes rayos del creciente,
y constituye la referencia y señal para los mortales.
Con ella en tiempos se unió el Crónida en amor y en lecho. Y ella,
embarazada, parió una hija, Pandía, poseedora de una belleza que destaca
entre las diosas inmortales.
¡Salve, soberana, diosa de níveos brazos, divina Luna, benévola, de
hermosos bucles! Comenzando por ti, cantaré las hazañas de los semidioses,
cuyos hechos celebran con bocas amables los aedos, servidores de las Musas.
BATRACOMIOMAQUIA 1-100
(LA GUERRA DE LAS RANAS Y DE LOS
RATONES)
Al iniciar la primera página, suplico al coro del Helicón que me llegue al
corazón con motivo del canto que hace poco puse en unas tabletas sobre mis
rodillas (¡batalla inmensa, hazaña de bélico tumulto de Ares!), en mi deseo
de llevar a oídos de todos los mortales cómo los ratones avanzaron,
mostrando su superioridad en el combate entre las ranas, émulos de las
hazañas de los Gigantes, varones nacidos de la tierra, según era tradición
entre los mortales. Tal fue el principio que tuvo:
Un día, un ratón sediento, tras haberse librado del peligro de una
comadreja, acercó a un estanque su ávido hocico, saciándose de un agua
dulce como la miel. Lo vio un locuaz amigo de las charcas y le dirigió la
palabra en estos términos:
- Extranjero, ¿quién eres? ¿De dónde llegaste a las riberas? ¿Quién te
engendró? Dime toda la verdad, que no note yo que mientes. Pues si te
reconociera como un amigo digno, te llevaré a mi casa y te daré como
obsequio muchos y excelentes presentes de hospitalidad. Pues yo soy el rey
Inflamofletes, que en el estanque soy honrado a diario como caudillo de las
ranas. Me crió mi padre Fangoso, tras haberse unido en amor a Reina del
Agua cabe las orillas del Erídano. Y tú veo que,
hermoso y robusto de manera señalada sobre los demás, eres un rey poseedor
de cetro y campeón en las batallas. Pero ea, cuénteme más aprisa tu linaje.
Le respondió a su vez Robamigas y le dijo:
- ¿Por qué me preguntas mi linaje? Notorio es entre todos los hombres, los
dioses y los celestes volátiles. Se me llama Robamigas, soy hijo de Roepán,
un padre magnánimo. Mi madre es Lamemolinos, hija del rey Roejamón. Me
parió en una cueva y me ocultó entre higos, nueces y alimentos de todas
clases para que me alimentara. ¿Cómo podrías considerarme amigo tuyo a mí,
que en nada soy semejante a ti por naturaleza? Tu sustento está en las
aguas, en cambio mi costumbre es roer todo cuanto hay junto a los hombres.
No se me oculta el pan amasado tres veces de una bien redondeada cesta, ni
la torta de flotante manto con mucho queso y sésamo, ni la loncha de jamón,
ni los hígados de blanca túnica, ni el queso recién cuajado de dulce leche,
ni la noble torta de miel, que incluso los Bienaventurados anhelan, ni
cuantas cosas aderezan para los banquetes de los mortales los cocineros,
que adornan los peroles con condimentos de todas clases...Nunca le huyo al
funesto griterío de la guerra, sino que marchando derecho entre el fragor
me mezclo con los de vanguardia. Al hombre no le temo, aun cuando está dotado
de un crecido cuerpo, sino que yendo a su lecho le muerdo la punta del
dedo. También le cojo la pierna, pero al hombre no le sobreviene
padecimiento alguno, el dulce sueño no le abandona mientras le muerdo. Pero
hay dos cosas extraordinariamente temibles sobre la tierra: el azor y la
comadreja, que me ocasionan gran pesar. También la lamentable ratonera,
donde se halla una muerte insidiosa, pero sobre todo me espanta la
comadreja, que es la más valerosa, que incluso cuando me hundo en el
agujero, por el agujero me busca. No como rábanos, ni repollos, ni
calabazas, ni me nutro de verdes puerros ni de apios, esos, en efecto, son
alimentos vuestros, de los del estanque.
Como respuesta le dijo sonriente Inflamofletes:
- Extranjero, en exceso te vanaglorias por tu
vientre. Tenemos también muchísimas maravillas que ver en el estanque y en
tierra, pues el Crónida nos concedió a
las ranas una doble posibilidad de vivir; saltar por la tierra y ocultar
nuestro cuerpo en las aguas, así como habitar moradas que participan de
ambos elementos. Y si quieres conocer esto también, es sencillo: Súbete en
mis espaldas y agárrate fuerte a mí, no sea que resbales, para que llegues
gozoso a mi morada.
Así dijo y le presentó la espalda. Y él se subió muy deprisa sujetando las
manos en el delicado cuello con una suave presa. Al principio disfrutaba
cuando miraba hacia los puertos cercanos, divertido por el nadar de
Inflamofletes; pero cuando se hundía en las agitadas olas, derramando
copioso llanto maldecía su tardío arrepentimiento, se mesaba los cabellos y
le apretaba los pies en el vientre. El corazón le palpitaba dentro por la
falta de costumbre y deseaba volver a tierra. Gritaba desaforadamente, por
la violencia del helado terror. La cola fue lo primero que agitó el agua,
sacudiéndola como un remo. Mientras suplicaba a los dioses llegar a tierra,
se hundía en las purpúreas aguas y lanzaba muchas voces de auxilio. Tales
palabras profirió y dijo por su boca:
- No fue así como el toro transportó en sus lomos a su amorosa carga cuando
condujo a Europa hacia Creta a través del oleaje. No como lleva a este
ratón a su morada, echándoselo simplemente a su espalda, la rana que alza
su pálido cuerpo sobre el agua blanquecina.
Un icnaumón apareció de repente, amarga visión para ambos
por igual. Erguido mantenía su cuello sobre el agua. Al verlo se sumergió
Inflamofletes, sin pensar a qué clase de camarada iba a dejar perecer. Se
sumergió en el fondo del estanque y se libró de la negra muerte, pero
aquél, cuando se soltó, cayó al punto de espaldas en el agua. Apretaba las
manos y chillaba, a punto de morir. Muchas veces se hundió en el agua y
muchas veces salió de nuevo a flote pataleando. Pero a su destino ya no
podía escapar. Empapados, sus cabellos echaban mayor peso sobre él. Cuando
perecía en las aguas, tales palabras profirió:
- ¡No escaparás, Inflamofletes, después de haber obrado de
forma tan falaz! ¡Tú, que arrojaste a un náufrago de tu cuerpo como de una
roca! En tierra no me habrías aventajado, ¡cobarde!, ni en el pancracio, ni
en la lucha, ni en la carrera. Pero engañándome me arrojaste al agua. Tiene
la divinidad un ojo vengador que te hará sufrir castigo y una justa
venganza. Tú pagarás castigo y no escaparás a la hueste de los ratones.
Dicho esto, expiró en las aguas.
APOLONIO DE RODAS
Argonáuticas I, 1-22
Comenzando por ti, Febo, evocaré las hazañas de los
antiguos héroes, que allende la boca del Ponto y a través de las Rocas Cianeas por mandato del rey Pelias
guiaron la sólida Argo en pos del vellocino dorado.
Pues tal oráculo había escuchado Pelias: que en el futuro un cruel destino
le aguardaba, ser abatido por las intrigas de aquel hombre de su pueblo al
que viera con una sola sandalia. Y no mucho después, conforme a tu
profecía, Jasón, al atravesar a pie el curso del torrencial de Anauro,
salvó una del lodo, mas perdió allí en el fondo la otra sandalia, retenida
en la corriente. Y se presentó a continuación ante Pelias, para asistir al
banquete que ofrecía en honor de su padre Posidón y de los demás dioses,
mas de Hera Pelásgide no se cuidaba. Al verlo se percató al instante y para
él dispuso la prueba de una atribulada navegación, a fin de que en el mar o
entre gentes extrañas perdiera el regreso.
En cuanto a la nave, los cantores de antaño ya celebran que Argos la
construyó bajo instrucciones de Atenea. Ahora yo quisiera contar la estirpe
y el nombre de los héroes, las rutas del prolongado mar y cuanto realizaron
en su errante marcha. ¡Que las Musas sean inspiradoras de mi canto!
GLOSARIO
Aqueo:
Nombre
de ciertos habitantes de la Hélade. De forma general, es sinónimo de
griego.
Atrida:
Epíteto de los descendientes de Atreo: Menelao, rey
de Esparta, y Agamenón, rey de
Micenas y caudillo del ejército griego durante el asedio de Troya. El texto
hace referencia a este último.
Cronión (Crónida):
Epíteto
aplicado a los hijos de Cronos, especialmente a Zeus.
Erídano
Río de incierta ubicación. Su nombre inspira recuerdos de antiguas
leyendas, pues por él navegaron los Argonautas en su regreso desde la
Cólquide en busca del vellocino de oro.
Febo:
Epíteto
con el que se conoce al dios Apolo.
Heliconíadas:
Musas
que habitan el monte Helicón, en la región de Beocia.
Luna (Selene):
Hija del titán Hiperión y de Tea, una de las titánides. Son
hermanos suyos Helios (“el sol”) y Eos (“la aurora”).
Pélida:
Epíteto
del héroe griego Aquiles, hijo de Peleo y de la nereida Tetis.
Perses:
Hermano
de Hesíodo, a quien dirige sus enseñanzas.
Rocas Cianeas:
Situadas en el estrecho del Bósforo, paso
peligroso al interior del Ponto Euxino.
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