ORFEO

 

Textos


     "Orfeo, digno de compasión por su desgracia inmerecida...la pérdida de su esposa. Y es que esta joven, mientras precipitadamente huía de ti (Aristeo) por la orilla del río, no supo ver (la muerte la aguardaba) a sus pies, entre la hierba crecida, una monstruosa serpiente de agua, custodia de aquellas riberas. El coro de las Dríades, entonces, que tenían su edad, colmó con su lamento las cimas de los montes (...) A su vez Orfeo, buscando consuelo a su amor desdichado en la cóncava lira, a ti, su dulce esposa, sólo a ti cantaba por las riberas solitarias, solo; al despuntar el día te cantaba y te cantaba al recogerse el día.

     Incluso penetró en las fauces del Ténaro, boca abismal del reino de Plutón, y en el bosque que el negro espanto plaga de tinieblas; se presentó ante los Manes y su terrible rey, y ante esos corazones que no se dejan ablandar por súplicas humanas. Entonces, conmovidas por su canto, de las profundas moradas del Erebo avanzan las sombras fugaces y los espectros de los seres privados de luz...Hay en torno a ellos un limo negro, el horrible cañaveral del Cocito y la odiosa marisma que en sus aguas estancadas los apresa, y la Estigia, que nueve veces los envuelve y los mantiene cautivos.

     Hasta las propias moradas de la Muerte en lo profundo del Tártaro quedaron pasmadas, igual que las Euménides que ciñen cabelleras de azuladas serpientes; Cerbero quedó con las tres bocas abiertas y, junto con el viento, se detuvo también la rueda de Ixión.

     Y ya, volviendo sobre sus pasos, había escapado Orfeo a todos los peligros, y Eurídice, que le había sido devuelta, llegaba a la región de la luz caminando tras él (pues tal era la condición impuesta por Proserpina), cuando un súbito acceso de locura se apoderó del imprudente enamorado, locura ciertamente perdonable, si los Manes supieran perdonar: se detuvo y, ya al borde mismo de la luz, sin acordarse, ¡ay!, y sin poderse contener, volvió los ojos a su querida Eurídice. En ese momento se echaron a perder todos sus esfuerzos...De repente, como el humo que en el aire impalpable se disipa, se desvaneció la imagen de los ojos de Orfeo y ya ella no pudo verle más, por mucho que aquel en vano trataba de aprehender las sombras y decirle mil cosas a su amada; el barquero del Orco no consintió que volviera a cruzar la laguna que les separaba."


Virgilio,Geórgicas IV 455 y ss.





     "En seguida avistaron la hermosa isla Antemóesa, donde las armoniosas Sirenas, hijas de Aqueloo, hacían perecer con el hechizo de sus dulces cantos a cualquiera que cerca echara amarras. Las había engendrado, tras compartir el lecho con Aqueloo, La bella Terpsícore, una de las Musas...Eran por su aspecto semejantes en parte a aves y en parte a doncellas. Siempre al acecho desde una atalaya de buen puerto, ¡cuántas veces ya arrebataron a muchos el dulce regreso, consumiéndolos de languidez!...Desde la nave, (los argonautas) ya se disponían a echar las amarras sobre la orilla, si el hijo de Eagro, el tracio Orfeo, tendiendo en sus manos la lira, no hubiera entonado la vivaz melodía de un canto ligero, a fin de que sus oídos zumbasen con la ruidosa interferencia de sus acordes. Y la lira superó su voz virginal."

Apolonio de Rodas, Argonaúticas IV 890 y ss.


 

"Aves sin fin le iban volando encima

de la cabeza, a Orfeo, y desde el fondo

del mar azul, derecho iban saltando

los peces, al oír su hermoso canto."

 

Simónides, frg. 62 P