3.- ESTRUCTURA Y VARIANTES DEL TEMA DE PUTIFAR.

 

3.1.- Introducción

 

Mercedes López Salvá, al estudiar el tema de Putifar en la literatura griega, diferencia, de acuerdo con la teoría expuesta por Luis Gil, entre tema o asunto general, motivo o elemento formal o de contenido que se repite y variante, es decir, pequeños cambios que darán origen a modificaciones más o menos apreciables (1944:77).

De acuerdo con este planteamiento, el tema de la mujer de Putifar o tema de Putifar ofrece cuatro o cinco motivos que se repiten y que podemos concretar:

1.- Una mujer insatisfecha, casada, se enamora de un joven.

2.- La mujer intenta satisfacer sus deseos seduciendo al muchacho.

3.- El mozo la rechaza por respeto al padre o señor.

4.- Delación falsa dela mujer ente el marido.

5.- Reacción airada e irreflexiva del marido y castigo del joven.

6.- Solución final.

Podemos establecer, pues, a la luz de las manifestaciones destacadas en el punto anterior, seis motivos generales en eltema, presentes en todas estas obras, sujetos a ciertas variaciones.

En la medida en que estos seis motivos se mantengan más o menos libres de variantes, estaremos ante el modelo de tema más puro. La aparición de variantes y, sobre todo, la modificación de algún motivo alejará la obra del modelo.

 

 

3.2.- Situación inicial

 

El arquetipo presenta a una mujer casada, enamorada de un muchacho joven. A veces se evidencia cierta insatisfacción por parte de la mujer al habérselas con un marido ya viejo. Así se lee, por ejemplo, en el Sendebar, enla historia cananea de Asertu, Baal y Elkurnisa.

Dos variantes son las principales en este motivo: el de la madrastra y el de la señora, que siguen la corriente clásica y oriental y la bíblica respectivamente. Al primer grupo pertenece la corriente clásica, que tiene como protagonista a Fedra, y la oriental, representada por el Sendebar, Mahapatuma, Etiópicas, El asno de oro, El patrañuelo o El escándalo. No coincide con ellos la novella de la Diana enamorada, pues el matrimonio de Felisarda y Fileno es posterior a los amores de ésta por Montano y sólo coincidiría con nuestro motivo el engaño y la acusación de intento de parricidio.

En la línea bíblica, la mujer es la señora y entre ésta y el joven hay una relación social de dependencia. Es lo que cuenta el Génesis, el Corán o el Decamerón.

Una mezcla de ambas situaciones ofrece el cuento egipcio de Bata, Anubis y la esposa de éste. El matrimonio existe, pero el joven no es el hijo o hijastro, sino el hermano menor del marido. Si, como señala López Salvá (1994:87), el cuento es anterior a la historia de José, estaríamos ante una primera contaminación o variante en el motivo originaria de la madrastra.

Una variante que nos aleja del arquetipo es el enamoramiento de una muchacha, generalmente joven, de otro muchacho, también soltero, a veces comprometido. Se rompen, pues, varios hilos de unión, como es el adulterio general y el intento de incesto de la madrastra. Es el caso de la historia que cuenta Jenofonte en sus Efesíacas o el de Ocna, Eunosto y Colono o Henri Cock en la Jornada de Tarazona hecha por Felipe II, o Cervantes, tanto en La Gitanilla como  en el Persiles.

 

 

3.3.- Intento de seducción

 

El fuego amoroso que abrasa a la mujer la impele a manifestar su amor al muchacho, a veces, por razones culturales, a través de un intermediario.

En general es la mujer la que de forma más o menos directa requiere de amores al muchacho (Fedra de Séneca o Racine). En el mundo oriental, más promiscuo, se habla directamente de acostarse juntos (leyenda cananea, Génesis, Corán y sus continuadores), incluso de matar al marido (Sendebar). En otros casos, la declaración de amor se realiza a través de un intermediario, como la nodriza en Hipólito, de Eurípides. A veces esta figura se acerca a la de Trotaconventos o Celestina, como ocurre enel Poema de José, en el que las mujeres hacen de intermediarias entre José y Zalija, aunque más bien parecen barrer para casa.

 

 

3.4.- Acusación falsa

 

Dada la negativa del muchacho, la mujer, movida por el miedo a ser acusada o bien por enfado, acusa al joven del delito que ella ha intentado cometer. A veces apoya su argumento en un objeto que parece probar su delación. En otros casos la acusación la realiza otra persona.

La mujer de Putifar acusa directamente a José; también lo hacen las protagonistas de las leyendas mitológicas orientales y griegas. Fedra en el Hipólito de Eurípides, más que acusar directamente deja que Teseo interprete la tablilla que cualga de su cadáver. La Fedra de Séneca asume su protagonismo, como la mujer del Decamerón, Etiópicas, El escándalo, El patrañuelo o la madrastra del Sendebar.

En los casos más alejados del arquetipo, la acusación no es de intento de violación, sino de robo, caso de La Gitanilla, Persiles, Jornada de Tarazona..., o de intento de asesinato, como en Etiópicas, Asno de oro, Diana enamorada.

Para afianzar su afirmación, utiliza la protagonista in objeto como el manto en la tradición bíblica, al que se añaden ciertos tintes novelescos en el Corán, para llegar a la verdad, con la observación de si el desgarrón se produjo por la parte delantera o trasera del vestido. En Racine es la nodriza la que, al ver la espada de Hipólito en manos de Fedra, le aconseja que la utilice en la calumnia. Pero será Enone la que acuse al muchacho y Teseo el que reconozca la espada como objeto que identifica al autor del delito. A ello ayuda el diálogo confuso propio de las obras de teatro de esta época. En el Decamerón, la mujer se rompe ella misma el vestido, se alborota el cabello y llora amargamente su desgracia para hacerla más creíble.

En la mayoría de los relatos, como ocurre en la estructura de cualquier cuento, la madrastra, como también el hijo, tienen sus ayudantes que desarrollan un papel a veces transcendente. Así es en la Fedra de Racine, por ejemplo, que se convierte en el cerebro de la traición, o en el Hipólito de Eurípides, desencadenente de la tragedia al comunicar los amores de Fedra a Hipólito. En el Sendebar, Etiópicas y El asno de oro, por ejemplo, son los sabios o jueces los que voluntaria o involuntariamente impiden el error. Otras veces son fuerzas sobrenaturales que actúan como Deus ex machina, como ocurre con Peleo, Frixo o Cicno. El ayudante de la mujer suele recibir siempre un castigo ejemplar.

Quizás por contagio de la Biblioa (Génesis, 44), en los ejemplos más alejados del prototipo, se observan corrupciones como la de introducir por parte de la mujer una joya entre las pertenencias de la persona deseada, para poder acusarla inmediatamente de robo y retenerla junto a sí. Al igual que José manda colocar una copa de plata en el saco de Benjamín, así la hija del mesonero colocó una taza también de plata en la alforja del peregrino (Jornada de Tarazona...); Carducha introduce entre las pertenencias de Andrés dos patenas de plata y otros objetos (La Gitanilla), e Hipólita acusa a Periendro de robarle una cruz que no le pertenecía (Persiles).

Las narraciones de carácter novelesco añaden variantes, como es el engaño que realiza la mujer, ayudada por una sirvienta generalmente, para acusar al muchacho de intentar asesinar a su padre que sólo tiene algún referente antiguo en el Sendebar, pero como propuesta dela madrastra al muchacho. En Heliodoro, Tisbé engaña a Cnemón y lo lleva a la alcoba del matrimonio, creyendo que encontrará allí a un amante en vez de a su padre. Silveria hace lo mismo con Montano en Diana enamorada. Este acontecimiento diferenciador, une ambas obras y señala a las claras su dependencia. De igual modo, la variante del veneno une El patrañuelo al El asno de oro de Apuleyo.

 

 

 

3.5.- Reacción airada del marido

 

Un rasgo característico de este tema es la reacción airada e irreflexiva del marido que indefectiblemente cree la versión de la mujer. También en los casos más alejados del tema, el juez o persona encargada de hacer justicia cree, en primera instancia, a la muchacha y acusa o condena al muchacho. Tan sólo Valerio Máximo pone el ejemplo de Lucio Gelio como contrapunto a nuestro marido. Otro ejemplo excepcional es el de Baal, que cuenta a su padre el hecho y éste le incita a que humille a la madrastra, por lo que ella llorará durante siete años.

Quizás coincidiendo con sociedades más civilizadas y épocas más modernas,s erán los jueces los que estudien el asunto y den su sentencia, dispar en todo caso.

 

 

 

3.6.- Solución final

 

Las soluciones al conflicto son muy variadas y entre ellas habría que distinguir la que corresponde con cada personaje.

El joven muere (con resurrección en algún caso), es expulsado de su comunidad o encarcelado, jusgado y declarado culpable o inocente o simplemente reconocida su inocencia tras algún tiempo.

La muerte del inocente es la consecuencia del enfado de Teseo en el Hipólito y las Fedras, aunque, luego, la mitología cuente la intercesión de Ártemis ante Esculapio y la resurrección de Hipólito nominado Virbio. Es el final también de algunas obras que ya hemos alejado de nuestro tema como El castigo sin venganza o Don Carlos. El joven es ahorcado, pero no muere gracias a la intervención de Santiago Apóstol en Jornada de Tarazona...

La expulsión o encarcelamiento como variante de la segregación de la comunidad, antes de que se conozca la verdad del caso es lo que ocurre en múltiples obras, como en la Biblia o el Corán, en El cuento de los dos hermanos, las historias mitológicas griegas de Fénix, Frixo, Belerofontes, estos tres últimos con ciertas variantes en la supuesta expulsión. Gualterio, en el Decamerón, decide exiliarse él mismo sin esperar la reacción del rey. Montano huye y lo encuentran más tarde Ismenia y su compañía, como también lo hace Lázaro en El escándalo.

La tercera posibilidad es la solución que ofrecen los cuentos orientales, desde Mahapatuma, Efesíacas, el caso de Peleo abandonado a su suerte, pero juzgado inocente por los dioses, Asno de oro. Enel Sendebar y los restantes cuentos orientales sobre el tema, el muchacho es condenado a muerte, pero unos jueces o sabios se encargan de defenderlo y demostrar su inocencia, parecido al o que relata el El asno de oro. Distintos son los casos de Etiópicas, Decamerón, Persiles, Diana enamorada o El escándalo, donde la solución viene dada por la confesión, tras el arrepentiemento, de la madrastra o de su cómplice.

En el caso de la mujer, la solución es bastante homogénea una vez descubierto el engaño, y suele coincidir con el desastre de la interfecta o en casos excepcionales, con el destierro (El asno de oro). En los casos más alejados del modelo, tampoco hay castigo de la mujer, como ocurre enel Persiles, Jornada de Tarazona..., La Gitanilla y en algunas de las historias mitológicas griegas en las que no se refiere el posible castigo. Peleo, sin embargo, mata al matrimonio; Cicno manda enterrar viva a Filónome. En los textos antiguos, la diosa se enfada y trae unos años o fechas de calamidades a la zona, normalmente relacionadas con el número siete.