HISPANIA ROMANA
OCUPACIÓN POR ROMA:
En los confines de Occidente, la Península Ibérica fue desde la más remota antigüedad cruce y encuentro de razas y pueblos diversos. A comienzos de la Historia encontramos en ella iberos, celtas, celtíberos, tartesios y otras muchas denominaciones de ámbito local, como lusitanos, vetones, galaicos, cántabros, astures, ilergetas, edetanos, carpetanos, oretanos, etc.
Las riquezas de la Península atrajeron a los pueblos comerciantes del Mediterráneo, que establecieron en ella sus colonias: los fenicios en el sur y los griegos en las costas del levante. Más tarde Cartago, nueva metrópoli del comercio fenicio, encontró en España las bases para resarcirse de la pérdida de Sicilia, que le habían arrebatado los romanos. Desde la Península Ibérica partió hacia Italia la expedición cartaginesa de revancha, acaudillada por Aníbal, que daría comienzo a la segunda guerra púnica. Es entonces, en el 218 a.C., cuando llega a España la primera expedición romana. Viene contra los cartagineses, a cortar las bases de apoyo de Aníbal. Será Publio Cornelio Escipión quien logre, unos años después, expulsar a los cartagineses de la Península.
Pero los romanos se quedaron. Con el territorio ocupado constituyeron una "provincia", Hispania, que luego dividieron en dos, Citerior y Ulterior. El espíritu de independencia de los indígenas del país hizo que los romanos se vieran embarcados en una lucha continua que, hasta ver sometida por completo la Península Ibérica, les llevaría unos doscientos años.
Es ésta una etapa de conflictos y rebeliones constantes de los naturales del país contra el dominio de los romanos. Éstos desde las zonas del levante y del sur se irán adentrando hacia el interior, ocupando la meseta, la Lusitania y la Galecia. La lucha no terminará hasta el año 19 a.C., ya en época de Augusto, con el sometimiento de los cántabros y astures.
De todo este período cabe destacar el nombre de algunos gobernadores romanos que, frente a la rapacidad que era habitual entre ellos, se comportaron con mayor honradez. Tal es el caso de Marco Porcio Catón, a pesar de la dureza con que trató a los hispanos, o de Tiberio Sempronio Graco, que con su mayor moderación logró unos años de paz. En cambio los abusos de otros gobernadores romanos, junto con la precariedad de su propia situación, provocaron entre los lusitanos una insurrección general que se extendió del 155 al 138. Acaudillados por Viriato y mediante la táctica de "guerrillas" lograron mantenerse en pie hasta que la traición puso fin a la vida de éste. La insurrección lusitana se contagió a la meseta y la llamada "guerra celtibérica" se extendió del 153 al 133. Los romanos hubieron de enfrentarse a una resistencia tenaz, de la que es prototipo el caso de Numancia, que durante varios años soportó los ataque de fuerzas superiores romanas. Tuvo que ser Escipión Emiliano quien acabaría por ahogarla con un asedio implacable.
Durante el siglo I a.C. la España casi sometida se vio implicada en las guerras civiles romanas de finales de la República. Así, del año 80 al 72, una facción del partido popular romano acaudillada por Sertorio, se enfrentó al gobierno central de Roma, donde prevalecía el partido aristocrático. También en España se ventilaron fases importantes del enfrentamiento entre César y Pompeyo entre los años 49 y 45 a.C.
Será Augusto el que ponga fin a los últimos reductos de resistencia en el norte. La campaña final contra los cántabros y astures, dirigida por Agripa, concluyó el año 19 a.C. Ya no volverán a darse conflictos de importancia con los españoles. Durante cuatro siglos más, hasta las invasiones germánicas, Hispania va a seguir una marcha paralela al resto del Imperio Romano.
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Conquista romana de Hispania: Cronología
218-211 a.C.: Desembarco y campañas de Gneo (218) y Publio (217) Escipión contra los cartagineses. "Tarraco". 210-206: Llegada y campañas de Publio Cornelio Escipión. Toma de Cartagena (209). Ocupación de Cádiz (206). Rebelión de Indíbil y Mandonio (206). Fundación de "Italica" (206). 206: Hispania, provincia romana. 197: División de Hispania en dos provincias: Citerior y Ulterior. -Sublevación de varios pueblos. 195: Llegada de Marco Porcio Catón. Sometimiento de los hispanos. -Nuevas sublevaciones (celtíberos, lusitanos, etc.) y campañas. Penetración de los romanos en la meseta. Primera guerra celtibérica (181...). 180: Llegada de Ti. Sempronio Graco. Pacificación de Hispania (unos 25 años de paz). Fundación de "Graccurris" (178). Fundación de "Carteia" (171).
-----Período de relativa paz. Conquista de las Baleares (123-121) por Q. Cecilio Metelo. Fundación de "Palma" (122) y "Pollentia".
29-19 a.C.: Guerras cántabras. | División (27) en tres provincias: Tarraconense (ant. Citerior), Bética y Lusitania |. Augusto. Fundación de "Emerita Augusta" (25). Agripa. Con el sometimiento de cántabros y astures: Fin de la conquista de Hispania. - - - - - - - - (Hispania) "Itaque ergo prima Romanis inita provinciarum, quae quidem continentis sint, postrema omnium nostra demum aetate ductu auspicioque Augusti Caesaris perdomita est". TITO LIVIO, Ab Urbe Condita, XXVIII, 12, 12. |
ÉPOCA IMPERIAL (Siglos I-V)
Hispania va a disfrutar de un gran desarrollo y prosperidad durante el siglo I y parte del II. En Roma el influjo de los españoles llega ser tan destacado que alguno de ellos (Trajano, Adriano ) será nombrado emperador. En el siglo IV volverá a darse un período de cierto desahogo. Otro español, Teodosio, llegará a ser emperador.
Habrá una crisis importante en la segunda mitad del siglo II, agravada por unas incursiones de moros (171-176) por la Bética. La crisis general del Imperio en el siglo III (anarquía militar) afectará también a Hispania, que sufrirá además la invasión de los francos y alamanes (264-266). Las invasiones traerán consigo la decadencia de las ciudades y la construcción de murallas alrededor de las mismas para su defensa. Se tenderá hacia una mayor ruralización y latifundismo.
La crisis final del siglo V va a venir marcada para Hispania por las invasiones de suevos, vándalos y alanos (409) y la llegada posterior de los visigodos (415), que actúan contra los anteriores en alianza con los romanos. Pero esta conexión con el Imperio es más nominal que real. cuando en el año 476 caiga Roma en poder de los bárbaros, Hispania es ya un territorio ocupado prácticamente por los visigodos y con un enclave suevo en Galecia. Estamos ya en la Edad Media.
ROMANIZACIÓN:
El proceso de integración en el mundo romano y la aceptación de sus formas de vida es lo que llamamos "romanización". La de Hispania será bastante completa, especialmente por el sur - la Bética - y en la zona de levante. Los españoles adoptaron el latín como lengua general y, aunque perviven algunas manifestaciones autóctonas, aceptaron las formas políticas, religiosas, económicas, sociales, artísticas y culturales de los romanos.
A este proceso de romanización contribuyó la presencia en nuestra península de soldados y comerciantes romanos y la participación de hispanos en el ejército, que solía traer aparejada la concesión de ciudadanía romana al concluir el servicio. Importantes focos de romanización fueron, además de las ciudades hispanas que se romanizaron intensamente, el establecimiento de numerosas colonias romanas. Se podrían citar Tárraco, Itálica, Córduba, Emérita Augusta entre otras muchas más.
Como en el resto del imperio, en Hispania se cuidó el sistema de comunicaciones tanto por mar como por tierra. Se construyeron numerosas calzadas que llegaban a todas las comarcas de la Península. Por ellas y a través de los puertos se desarrollaba un comercio intenso que alcanzaba los últimos confines del Imperio y que era especialmente importante con la propia capital, Roma. Como las principales riquezas españolas eran la ganadería, la pesca, la agricultura (trigo, aceite, ...) y la minería (plata, oro, mercurio, hierro, ...) eran estas cosas las que más se exportaban; en cambio se importaba cerámica, vinos itálicos, objetos de arte y adorno y otros productos manufacturados.
La organización administrativa que los romanos instauraron en Hispania distribuía el territorio en provincias, cada una al cargo de un magistrado romano. A su vez la provincia estaba dividida en una especie de distritos judiciales, llamados "conventus". Los núcleos de población tenían estatutos diversos, según su relación con Roma: ciudades estipendiarias, libres, federadas, etc.; además estaban las colonias y municipios romanos o latinos.
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División provincial de Hispania 206 a.C.: A raíz de la 2ª Guerra Púnica, Hispania pasa a ser una "provincia" romana. 197 a.C.: El territorio español ocupado por los romanos se divide en dos provincias: Hispania Citerior, al Norte, e Hispania Ulterior, al Sur, separadas por el "Saltus Castulonensis". 27 a.C.: División en tres provincias: la Citerior - muy extendida y con acrecentamiento posterior de su territorio - pasa a llamarse Tarraconense; la Ulterior se divide en dos, Bética (senatorial) y Lusitania, separadas por el Guadiana. 216 d.C.: Bajo Caracalla, se desgajó temporalmente de la Citerior-Tarraconense una nueva provincia, "Gallaecia-Asturia". Fin del siglo III...: En la reestructuración del Imperio hecha por Diocleciano (y la posterior de Constantino) Hispania pasó a ser una "diócesis" (adscrita a la prefectura de las Galias), que comprendía seis provincias: Bética, Lusitania, Cartaginense, Galecia, Tarraconense y Mauritania Tingitana (en el Norte de África). 385 d.C.: De la Cartaginense se desgaja como nueva provincia la Baleárica. |
Aunque se difundió por Hispania la religión romana, incluido el culto oficial a Roma y al emperador, perviven en ella además los cultos autóctonos del período prerromano. Encontramos también abundantes manifestaciones de cultos orientales, como los de Isis o Mitra. Más tarde llegaría el cristianismo, que se extendió de forma notable por toda la península.
En Hispania, profundamente romanizada, surgieron destacadas personalidades: escritores, como Séneca, Lucano, Marcial, Quintiliano o Prudencio; emperadores, como Trajano, Adriano o Teodosio; eclesiásticos, como el obispo Osio o el papa S. Dámaso; etc. Como el resto de las provincias, Hispania aportó a Roma y al Imperio Romano sus recursos humanos y materiales y se benefició de las ventajas que traía consigo la comunicación fácil y constante con todas las tierras que rodean el Mediterráneo.
Aparte de nuestra lengua y de muchas raíces de nuestra cultura y formas de vida, conservamos en nuestro país numerosos restos materiales romanos. Podemos contemplarlos no sólo en museos y centros de cultura, sino incluso sobre el terreno, repartidos por toda nuestra geografía. Son innumerables los puentes romanos, alguno tan magnífico como el de Alcántara. Sus calzadas, que recorrían la Península y son la base de bastantes carreteras actuales, aún se pueden reconocer en algunos lugares. Numerosas ciudades conservan de época romana no sólo el nombre, sino también restos de murallas, acueductos, templos y otras construcciones públicas. En pleno campo puede uno verse sorprendido por restos romanos que recuerdan un tiempo pasado más brillante, como el extraordinario arco de Cáparra (Cáceres), en medio de prados y olivares. Hay conjuntos monumentales de gran riqueza, como los de Itálica, Mérida o Tarragona. En la historia y en la realidad española no podemos prescindir de su pasado romano, está en las raíces de nuestro pueblo.
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[Con este mismo guión como texto marco se realizó en 1993 un trabajo, "Hispania Romana. Materiales para una unidad didáctica de Cultura Clásica", en colaboración con los profesores Ubaldo Pérez Gutiérrez y Antonio Gómez Bernal, que formábamos un grupo de trabajo en el CEP de Salamanca]
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