LA
VIOLENCIA SOBRE LA INFANCIA EN LA HISTORIA.
Eloísa Hidalgo Pérez.
Existen actitudes inherentes al ser humano que a pesar del paso del tiempo, siguen manteniéndose en al actualidad. La violencia ejercida sobre la infancia es una de ellas y se fundamenta especialmente en la debilidad intrínseca del hombre en ese momento de la vida, pasando a convertirse en la víctima más factible para ser objeto de todo tipo de abusos.
A pesar de la evolución que ha conseguido experimentar a lo largo de la historia en planos mentales y emotivos, el maltrato a las personas más débiles se muestra como una constante permanente que con las peculiaridades propias de cada época, adquiere matices externos variados aunque de manera interna, surjan de esa premisa fundamental que es el sometimiento a otra persona como manera de acentuar el poder, desde diferentes puntos de vista. Por ello realizaremos un recorrido global a lo largo de la historia, mostrando algunas de las evoluciones más conocidas del tratamiento violento a la infancia, para lo que resultará de gran ayuda la exposición de diferentes ejemplos.
Dada la enorme variedad de violencia existente antes y ahora, concretaremos en este primer acercamiento dos de las tipologías que, se han dado desde los tiempos más remotos y se siguen manteniendo en buena parte del planeta: el matrimonio forzoso (más frecuente en niñas que en niños, salvo excepciones concretas que más tarde especificaremos) y el abuso infantil en sus variantes laborales y sexuales.
En el primer caso, las principales víctimas han sido casi siempre las niñas. La concepción social de su sexo, generalizándose de forma casi universal la creencia de su inferioridad en todos los aspectos respecto al varón, favorecieron su conversión en objeto de transacciones diversas mantenidas en la actualidad. El ejemplo más claro lo hallamos en el matrimonio que hasta hoy, sigue siendo para la mayor parte de las mujeres del planeta un acto de violencia e imposición a edades tan tempranas como los 12 años o incluso antes, dependiendo de los lugares, costumbres y la propia condición de la víctima. En este sentido es necesario enfatizar el término que acaba de utilizarse, es decir, transacción, puesto que siempre este tipo de acuerdos con las niñas como principales víctimas, incluyen una compensación económica tradicionalmente conocida como dote, cuya composición varía en función de las zonas, pero conserva el componente comercial o de trueque como base de su ejecución.
Lógicamente, las formas externas de éste tipo de violencia han evolucionado de manera diversa, aunque son muchos los países anclados en tradiciones ancestrales que mantienen casi intactos los rituales de venta de niñas a esposos. Por lo general, éstos últimos suelen duplicarlas o triplicarlas en edad (como mínimo) y la transacción económica realizada se conoce públicamente “entrega de la novia”, un término lingüístico que solo pretende suavizar la ilegalidad de un acto aberrante que, por desgracia lo es más en un plano ético que legal, pues las leyes de muchas de éstas naciones lo permiten sin ningún tipo de reparo.
En cuanto a los matrimonios concertados en que el “novio” tiene menos edad que la “novia”, no han sido ni son muy generalizados. Diferencias de treinta, cuarenta y más años son inexistentes cuando la minoría está en manos del futuro marido, ya que no hay que olvidar que éstos acuerdos implican, entre otras cuestiones, un procreación rápida y abundante que en el caso femenino posee unos límites reales, marcados en buena medida por la edad física. Y en segundo lugar no se puede obviar la situación de superioridad que en la vida común va a detentar siempre, lo que ratifica el ejercicio de un poder que le es conferido desde su nacimiento como varón. Por tanto, el maltrato que a través de ésta práctica se puede efectuar sobre el niño-adolescente, queda absolutamente mimetizado por la propia educación que ha recibido desde la infancia.
Diferente es el caso del abuso infantil de tipo sexual donde, por desgracia, las semejanzas entre ambos sexos son demasiadas. Sin embargo en ésta cuestión, la preeminencia social de los varones ha supuesto y sigue siendo en la actualidad, un impedimento considerable para su conocimiento público, debido a los tabúes que de forma consciente e inconsciente perduran. En cuanto al abuso laboral, su situación suele acompañar de manera general a la anterior, convirtiéndose casi en un mismo elemento.
La utilización de las niñas en los matrimonios forzosos y el abuso infantil ha sido documentado en fuentes históricas de todas las épocas y lugares, constituyendo hasta hace poco, un acto común y frecuente que no era reconocido socialmente como violento, a pesar de la edad de las menores. Una doble moral ha condenado siempre y de manera más o menos pública dependiendo de las épocas, a las niñas y mujeres que ejercían actividades como la prostitución (de manera forzosa al principio para casi todas, y siempre en el caso de la infancia), aunque de manera privada representantes de todos los estamentos sociales pagaran por sus servicios. Y no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo, cuando ha comenzado a verse como víctimas, sobre todo al sector infantil que es obligado a realizar este tipo de actos.
Esta ausencia de reconocimiento no supone que la violencia no existiera ni exista. La trata de niñas y mujeres más allá del compromiso matrimonial y su venta pública o privada, es una constante presente en todas las sociedades en algún momento de su evolución histórica, y la especial vulnerabilidad de los niños y niñas, les ha convertido en objeto de constantes maltratos físicos y psicológicos.
Por ello y partiendo de éstas bases, expondremos a continuación una visión global de la evolución de estos dos tipos de violencia a lo largo del tiempo, centrándonos sobre todo en el caso europeo aunque aludamos en determinados momentos a otras partes del mundo.
Una constante se mantiene entre todos los pueblos de la antigüedad en el mundo, sobre los que se conserva información: se trata de la generalizada y total presencia del matrimonio forzoso y concertado que en ningún momento se veía como un acto de violencia aunque así fuera. Asumido como costumbre e incluso derecho del progenitor, esta concepción solo comenzó a variar en algunos países de manera global, a mediados del siglo pasado.
Aunque la documentación relativa a estas cuestiones utiliza el término “mujer”, es preciso concretar que dicha acepción tal y como la conocemos en la actualidad es relativamente reciente. La capacidad procreadora de la niña la convertía de inmediato en mujer, momento en que el progenitor tenía como único deseo y fin, casarla y percibir por ello una compensación económica de tipo variado. Aunque en muchas ocasiones este tipo de conciertos se realizaban con anterioridad, consumándose la unión y ratificándose el acuerdo, en el momento preciso.
En pueblos como Mari, Siria, Fenicia o Israel, las fuentes encontradas destacan el “...intercambio de mujeres” [1] y el concepto que se tenía de la mujer, siendo considerada como “...una posesión del marido...” aunque”...el hombre no podía vender a su esposa pero sí a la hija...” [2] y se concretaba que era precisa la entrega de una dote por parte del novio, bien en dinero o en trabajo [3].
En
cuanto a los varones israelíes, el progenitor también casaba a los hijos [4];
pudiendo encontrar algún otro caso de este tipo en Egipto, aunque el ejemplo
planteado hacía referencia a un hombre casado dos veces debido a la decisión de
una reina [5],
lo que modifica sustancialmente su carácter respecto a la circunstancia
anterior. Pero a excepción de estos dos ejemplos, lo más habitual era la
preferente utilización de la niña-mujer en este tipo de prácticas, también
desarrolladas en Grecia donde “El padre
era el que buscaba esposo para la hija” [6], siendo por lo general de mucha más edad
que ella [7]
y entregándose una dote formada por “...vestidos,
joyas y esclavos.” [8].
En las primeras épocas de Roma, la
situación era similar [9]
aunque a diferencia de los casos anteriores, hubo fases concretas en que la
mujer consiguió acceder a una serie de libertades respecto a éstas
cuestiones matrimoniales. Dichas libertades fueron rápidamente suprimidas ante
el temor ocasionado en parte de la población preferentemente masculina, que
veía en ellas una pérdida del control ejercido hasta el momento. Por ello se
retornó a la situación anterior, siendo incentivada en las últimas fases con la
presencia germana con quienes “...la idea de la adquisición por dinero volvió a tomar fuerza.” [10].
Además de lo referido, la antigüedad
grecorromana presenta en el tratamiento a la infancia, algunos casos que llaman
especialmente la atención por su crueldad. Quizás el más conocido sea el dado a
los varones en Esparta donde, “El Estado se ocupaba del varón desde el momento de su nacimiento. Si
era débil o deforme, se le eliminaba, una vez presentado a una comisión de
ancianos que decidían su suerte .” [11].
Si conseguían sobrevivir a esta primera “prueba”, el resto de su vida como
niños desaparecía desde el momento en que se veían obligados a abandonar su
hogar a la edad de siete años, pasando a estar bajo la tutela estatal que no
escatimaba maltratos físicos y psicológicos para convertirlos en los futuros
soldados que precisaban [12].
Mientras tanto, las niñas espartanas
eran educadas para tener hijos y su consideración se limitaba a ser tratadas
como “...bellos
objetos de placer...”
por lo que “...se
exhibían desnudas en las fiestas.” [13]. A pesar de ello y a diferencia de
los varones, conseguían escapar de la pederastia, aunque en realidad, la
temprana edad y obligatoriedad de sus matrimonios también puede ser considerada
dentro de esa tipología.
Esta práctica, muy frecuente en
Esparta donde sobrevivió aún cuando en el resto de la península había sido
prohibida, comenzaba a darse a partir del cambio de tutela del menor y era
considerada “...la
forma más noble de amor” [14],
aunque existieran leyes que condenaban la violación del joven y las relaciones
homosexuales [15].
Por el contrario, la situación en
Atenas y otras polis evolucionó hacia posturas mucho más acordes con el
pensamiento clásico, tratando de proteger a la infancia [16] y cultivarla, posibilitando una educación
amplia y versátil. Este concepto educacional fue igualmente asumido en Roma
donde incluso se amplió a los esclavos [17].
Sin embargo ,
el propio hecho de la esclavitud permitió el desarrollo de todo tipo de abusos,
incluidos los maltrataos físicos y la violación sistemática de los prisioneros
y prisioneras, asumiéndose como un acto habitual y común a casi todos los años
y amas, aunque no se le daba esa consideración. La cotidianeidad de estos
procedimientos era evidente y en algunos casos, por lo general poco antes del
fallecimiento del progenitor, el hijo podía pasar a convertirse en liberto,
aunque eran muchas más las ocasiones en que mantenía su condición de esclavo
por ser hijo de esclava.
Habitual era también la presencia de
lupanares que tenían entre sus trabajadoras a niñas, preferentemente esclavas.
Según Emmett Murphy [18],
la desaparición de estos lugares dio lugar a un recrudecimiento de las
violaciones y asesinatos que se generalizaron a partir del ocaso imperial,
fusionándose después con prácticas violentas, sobre todo contra niñas, que
pueblos invasores procedentes del Este europeo solían llevar a cabo.
La Edad Media
Las oleadas de pueblos invasores que
asolaron el agonizante Imperio Romano, no impusieron costumbres desconocidas o
hábitos violentos específicos que fueran asumidos de manera general y
mantenidos a lo largo del Medioevo. Como acabamos de ver, la situación
precedente había desarrollado tipos de violencia contra la infancia que
prosiguieron en los siglos posteriores, aunque parece que se radicalizaron a
partir del s. IX.
La concepción matrimonial forzosa
conservaba las premisas esenciales con las que nació [19]
considerando que las hijas constituían “...cargas: hay que vigilarlas, dotarlas, casarlas.” [20] y en ningún momento se planteaba la
repercusión que este tipo de actuaciones podría tener sobre la víctima [21].
En cuanto a la edad en que se producían, los acuerdos podían llevarse a cabo
desde el mismo nacimiento de la pequeña, consolidándose sólo cuando se
encontraba en disposición de proporcionar hijos al esposo.
Pero no fue esa la única violencia
ejercida a lo largo del período. En realidad, al mantenimiento de la
prostitución infantil, aún más incentivada por las frecuentes fases de
hambrunas y penurias económicas, ha de unírsele, por ejemplo, la presencia en
determinadas zonas de Europa, de una costumbre tan aberrante como la Prima Notte, consistente en la violación de las
niñas-mujeres recién casadas (el mismo día de la boda), por parte del señor de
las tierras en que residía. Como es evidente, nos encontramos ante el tradicionalmente
denominado derecho
de pernada que se
ejercía tanto sobre hombres como mujeres y niños, aunque eran éstos dos últimos
grupos los más afectados como norma habitual. En cualquier caso, la tipología
de abusos de estas características solía ser generalizado a casi todos los
estamentos sociales.
También es necesario recordar que la
explotación infantil durante el medioevo aumentó de forma considerable, sobre
todo en cuanto a ejercicio físico se refiere. El trabajo en el campo desde
edades tempranas, realizando labores propias de hombres y mujeres se convirtió
en una constante prolongada a lo largo del tiempo. Además, la condición servil
de buena parte de la Europa Medieval se tradujo en abusos
constantes y numeroso maltratos físicos, fuera cual fuese la edad de la
víctima.
La poca importancia conferida a los
niños en esta fase, a los que no se quiere y son considerados sólo un
instrumento de trabajo, cuando no una carga [22],
dio como resultado numerosos infanticidios sobre todo entre los recién nacidos,
a los que se asfixiaba o ahogaba como norma general. Otro de los recursos
utilizados para deshacerse de ellos era el abandono [23],
con la esperanza de que murieran si eran depositados en cualquier camino o en
el bosque (morirían de frío o devorados por algún animal), o bien, que fueran
recogidos en algún convento o monasterio.
Todo lo que acabamos de ver se
mantuvo hasta finales del s. XIV, convirtiéndose esta fecha en uno de los
numerosos márgenes cronológicos que se suelen utilizar para concretar el inicio
del Renacimiento en Italia. En cualquier caso, el abuso infantil siguió
manteniendo muchos elementos ya vistos, mientras otros se matizaban de
diferentes maneras.
Así, en el caso de las bodas
forzosas, se comenzó a generalizar un elemento prioritario a la hora de
concretar matrimonios. Hasta entonces, los intereses económicos se imponían
sobre otros, salvo en el caso de las familias pertenecientes a la nobleza,
aristocracia o realeza, donde los enlaces buscaban, básicamente, uniones y alianzas [24].
En ese momento, el afán burgués de ascenso social, poseído ya el poder
económico, introdujo esta cuestión en las uniones concertadas. El resultado fue
el mantenimiento de la mujer como objeto de transacción que, sin embargo, podía
ser utilizado en más de una ocasión. Quizás uno de los casos más conocidos que
han llegado hasta nosotros sea el de Lucrecia Borgia,
perfecto exponente del abuso a una niña-mujer a lo largo de su vida, siendo
obligada en varias ocasiones a contraer nupcias con cuatro hombres diferentes para
saciar las ansias de poder de su padre y hermanos.
Además, la recuperación de algunos usos y costumbres de la antigüedad
greco-latina, incidió de manera especial en la potenciación de los placeres
carnales, revitalizando así ciertas prácticas que aún habiéndose mantenido en
fechas precedentes, comenzaron a ser menos censuradas, a pesar de la oposición
de algunos sectores e instituciones que, en cualquier caso, no llevaron a cabo
represiones tan violentas como las anteriores. En ese sentido, el abuso infantil
volvió a ser protagonista a través de todas las vías que ya se han visto.
Precisamente en el Renacimiento comenzó a producirse una variación en
la concepción del niño que empezó a ser considerado como un ser rebelde al que
era necesario enmendar, utilizando para ello todo tipo de maltratos físicos y
psicológicos. Éste último aspecto es uno de los más interesante porque, cuando
en su momento comenzaron a aparecer voces discrepantes con ese trato, se
desarrollaron intensamente los abusos sobre la psique del niño, potenciando en
él temores de tipología diversa. De todas formas, al final tuvo lugar la fusión
de ambas actuaciones, generando un aumento de la presión sobre al infancia.
La Edad Moderna
La evolución del trato a los niños a
lo largo de este período no hace sino mantener las bases precedentes,
desarrollando unas más que otras. Además, la información para esta época se
localiza mucho más en ciudades y países, multiplicándose el número de ejemplos
particulares.
Pocas variaciones se encuentran en
torno a los matrimonios forzosos hasta 1789, aunque sí es preciso introducir la
expansión de este tipo de abusos al Nuevo Continente [25],
donde a pesar de la legislación clara y específica de la reina Isabel I de
Castilla a favor y en defensa de sus habitantes, se cometieron algunos
despropósitos evidentes que siempre intentaron castigarse, con mayor o menor éxito dependiendo de los
casos. En ese sentido, resulta sorprendentemente gratificante la mentalidad de
ésta reina y el trato que ordenó dispensar a los indígenas americanos (niños
incluidos) en aquella época, con prohibiciones expresas de esclavizarles o
maltratarles por ser sus vasallos y poseer en consecuencia, iguales derechos y
deberes que los castellanos.
Pero volviendo al caso europeo,
vemos como el abuso a la infancia se mantuvo sin mayores cambios, aunque se
conoce con más detalle el altísimo porcentaje de violaciones a menores que, por
ejemplo, tuvieron lugar entre 1540 y 1692 en París, gracias a las “...49 querellas presentadas
en el Parlamento...” [26]. A pesar del cambio que supone la
existencia de esas denuncias cuando la edad de los menores era inferior a 12
años, “No había un
tratamiento especial para los delincuentes por la escasa edad de las víctimas”[27]. Quizás por ello, el “Entorno no suele querer
denunciar...” [28].
La situación varió poco después,
cuando la infancia comenzó a ser considerada de otra forma, introduciéndose el
componente de la indefensión y la necesidad de protegerla [29]
en este tipo de cuestiones, sobre todo en los grupos sociales más pudientes. En
contraposición, los niños de los sectores más pobres siguieron sufriendo todo
tipo de vejaciones y ultrajes a los que la justicia, poco o ningún caso hacía.
Además, la educación extendida
paulatinamente, asumió el concepto de disciplina mediante la sistemática
presencia de castigos físicos de tipo diverso. Castigos que se generalizaron
hasta límites insospechados en los hospicios que comenzaron a multiplicarse en
todas las ciudades donde, de manera progresiva, se adentró el proceso industrializador
[30].
De esa forma se llega a una
dicotomía evidente que vuelve a tener como protagonistas a ricos y pobres.
Mientras con los niños pudientes, desde finales del s. XVIII, “...las distancias afectivas
se acortan: la presencia del niño es mayor y sobre todo, crece la percepción de
su fragilidad...” [31], la infancia de los sectores más
desprotegidos vio como el abuso se intensificaba contra ellos a todos los
niveles [32],
si bien es cierto, la sociedad comenzó a reaccionar de manera más activa, lanzándose
en ocasiones a la búsqueda captura y entrega del delincuente a la justicia [33].
También en este aspecto aparecen a
finales del XVIII, algunas variaciones. Aunque por lo general siguió
manteniéndose el temor a denunciar, más por vergüenza que por otro tipo de
cuestiones, la concepción social y legal de éstos delitos comenzó a variar
lentamente e incluso los jueces se emocionaban [34]
ante los casos planteados de forma más explícita, lo que indica una leve toma
de conciencia respecto a la gravedad de
esos actos. De todas formas y a pesar de compadecer a la víctima, en la
práctica las condenas eran pocas, concluyendo casi siempre, con sobreseimientos
y desestimaciones [35].
La Edad Contemporánea
Como apuntábamos líneas atrás, el proceso
industrializador europeo dio como resultado el
desarrollo de un tipo de violencia que se unió a la ya existente. Aunque por lo
general la explotación infantil desde finales del XVIII y a lo largo del XIX se
considera de una forma independiente por las numerosas peculiaridades que la
envuelven, lo cierto es que no se trata más que de un nuevo paso en el maltrato
infantil, acomodado eso sí, a las novedades laborales consecuentes de la
Revolución Industrial.
La primera mitad del s. XIX presentó
un aumento de los casos que tenían como víctimas a los niños, ya que “...en las zonas urbanas se
aviva la sensibilidad y se denuncian más los delitos sexuales, sobre todo los
cometidos con menores.” [36]. El hambre, la proliferación de
trabajos mal pagados y el generalizado abuso a todos los niveles de los niños [37]
pertenecientes a los sectores más desfavorecidos de las sociedades europeas
inmersas en la industrialización, así como la vaga y escasa legislación vigente
para estos casos, fueron desarrollando a lo largo de esa centuria, todo tipo de
situaciones lamentables perfectamente constatadas [38].
Discursos, testimonios personales,
disquisiciones de escritores, filósofos, economistas etc,
son una muestra clara de la toma de conciencia que en ciertos ámbitos estaba teniendo
lugar. Pero de la misma manera, la ausencia se medidas al respecto contrastaba
con la solicitud de las mismas, muy atenuada durante los primeros cincuenta
años debido a las necesidades laborales de quienes las sufrían.
En ese sentido, la segunda mitad del
XIX contempló un recrudecimiento evidente de la condena moral, pero los casos
siguieron creciendo sobre todo en relación con niños de edades inferiores a los
diez años [39],
y comenzó a ser más conocida la presencia del incesto como uno de los abusos
más habituales. Solo los movimientos sociales llevados a cabo en forma de
reclamaciones públicas a través de manifestaciones, huelgas etc,
que por lo general poseían en sí mismas un marcado grado de violencia,
posibilitaron modificaciones legales que penalizaban más o menos
contundentemente, ciertas actitudes violentas respecto a la infancia, sobre
todo en lo tocante a abusos sexuales.
Como es lógico, dentro de ésta
legalidad no se incluyó el concepto matrimonial que siguió manifestando
caracteres similares a los anteriores, aunque poco a poco se fue imponiendo en
buena parte de Europa el consentimiento de la mujer, cuya edad también aumentó
a la hora de contraer matrimonio. Ello no quiere decir que no se siguieran
dando uniones concertadas que se mantienen en ciertas zonas hasta la actualidad
a pesar de la ilegalidad de las mismas hoy en día.
En los años finales de la centuria
del XIX, tuvo lugar no solo una mayor concienciación social en constante
aumento, sino también un retroceso en la violencia [40]
que desgraciadamente ha vuelto a sufrir un marcado ascenso a lo largo del s.
XX, sobre todo la relacionada con la infancia [41].
En cuanto al siglo que hace poco
abandonamos, las perspectivas de un cambio radical que beneficie a la infancia,
son bastante escasas. La difusión informativa de la que gozamos permite tener
más conocimiento de las barbaridades que en cualquier parte del planeta se
siguen cometiendo, pero también nos hacen conscientes de la poca efectividad de
las medidas que se toman para paliarlas. En ese sentido, Europa posee
comparativamente, una situación mucho más compleja, quizás por las múltiples
derivaciones que los actos violentos siguen adquiriendo día a día.
Como dijimos al comienzo de éste
escrito, son tantas y tan problemáticas, que merecen análisis más profundos e
individualizados. Por ello, apenas nos hemos detenido en la explicación de la
evolución del maltrato infantil (durante el s. XX) en las variantes elegidas
(matrimonio forzoso y abusos sexuales), pues desgraciadamente, podremos
escribir sobre ellas de forma extensa y profusa.
[1] VV. AA: Historia del oriente Antiguo. Madrid, 1992. Este texto aparece en : BLÁZQUEZ, JOSÉ MARÍA: Parte Tercera. Cap. I. Pág. 290.
[2] Ibidem. BLÁZQUEZ, JOSÉ MARÍA: Parte Tercera. Cap. XVI. Pág. 386.
[3] Ibidem: “Al contraer matrimonio el novio entregaba al padre de la novia una cantidad de dinero que podía sustituirse por una prestación en trabajo”. Pág. 385.
[4] Ibidem. Cap. XI.
[5] MONTET, PIERRE: La vida cotidiana en el Egipto de los faraones. Barcelona, 1985. Pág. 43.
[6] VV. AA: Historia de Grecia Antigua. Madrid, 1989. Este texto aparece en BLÁZQUEZ, JOSÉ MARÍA: Apéndices: Apéndice I: Situación de la mujer en Grecia. Pág. 1052.
[7] Ibidem. Pág. 1051.
[8] [6].
[9] BENEYTO, JUAN: Una historia del matrimonio: la mujer, objeto de tráfico: compra y negociación. Pp. 22-23. Según recoge éste autor, la Coemptio romana “...para el jurista Gayo es como la compra de la mujer”. Pág. 22.
[10] Ibidem. Pág. 23.
[11] [6]. Apéndice III: La educación en Grecia. Pág. 1062.
[12] Ibidem. “A los jóvenes se les educó en la austeridad. Estaban mal alimentados, vestían pobremente, llevaban la cabeza rapada y descubierta y dormían sobre una litera de cañas...[...]. se les endurecía el carácter a base de golpes, incitándoles a la disputa y a la pelea de unos contra otros...”. Pág. 1063.
[13] Ibidem. Pág. 1063.
[14] Ibidem. Pág. 1063.
[15] Ibidem. Pág. 1064.
[16] Salvo en el caso de los matrimonios que eran concebidos como algo natural y necesario a pesar de la obligatoriedad e imposición de los mismos.
[17] VV. AA: El Imperio Romano. Madrid, 1989. T. II. Este texto aparece en BLÁZQUEZ, JOSÉ MARÍA: Cap. X. Pág. 394.
[18] MURPHY, EMMETT: Historia de los grandes burdeles del mundo. Madrid, 1998.
[19] DUBY, GEORGES y PERROT, MICHELLE (Dir): Historia de las mujeres. Madrid, 2000. Es decir, el componente esencial era económico, como describe L´HERMITTE-LECLERCQ, PAULETTE cuando dice que “La unión podía servir para completar una parcela o absorber la tienda vecina”. T. II. Las mujeres en el orden feudal (siglos XI y XII). Pág. 277.
[20] Ibidem. Pág. 269.
[21] Ibidem. L´Hermitte-Leclercq efectúa una pregunta evidentemente imposible de llevarse a cabo en la época que estamos tratando: ¿Qué repercusión podía tener sobre las psique de la niña el sentirse a tal extremo en el tránsito, tan precozmente arrancada de su madre y del marco de sus primeros años?. T. II. Pág. 272.
[22] Ibidem. T. II. Pág. 256. El hecho de tener muchos hijos, suponía más mano de obra, pero también más bocas que alimentar, circunstancia por la que muchas veces se prefería acabar con ellos de formas diversas.
[23] Ibidem. T.
II. Pp. 352-353.
[24] Lo que por otra parte y de manera factible, terminaba enlazando con la cuestión monetaria.
[25] Llegados a este punto es preciso concretar una serie de cuestiones.. Cuando hablamos de expansión, no queremos decir que los matrimonios forzosos no existieran con anterioridad a la llegada colombina pues resulta evidente que éste tipo de actuación es común para todas las partes del mundo en uno momento u otro. Sin embargo, la conquista y colonización de América, no solo mantuvo en ciertos casos las uniones concertadas dentro del seno de la población india, sino también las establecidas intercontinentalmente como consecuencia del poblamiento de aquellas tierras, siendo víctimas tanto nativas como hispanas peninsulares y más tarde, criollas.
[26] VIGARELLO, GEORGES: Historia de la violación, ss. XVI-XX. Madrid, 1999. Primera parte: El Antiguo Régimen, la violencia y la blasfemia. Punto 3. Pp. 88 a 94.
[27] Ibidem.
[28] Ibidem.
[29] [26]. Segunda Parte: Renovación e impotencia relativa de la ley. Punto 2. Pág. 120.
[30] Destaca en este sentido la presencia de obras literarias donde de forma clara se especifican todo tipo de vejaciones a las que son sometidos buena parte de estos niños, sobre todo en el s. XIX. Citamos por encontrarse entre las más conocidas a nivel mundial, algunas de las obras de CHARLES DICKENS: Oliver Twist. Madrid, 1990., y David Copperfield. Madrid, 1999.
[31] Ibidem. Pág. 120.
[32] Es necesario mencionar que el niño pobre desde el s. XVIII era considerado como un adulto incompleto al que se tenía que maltratar de todas las maneras posibles, para que fuera enmendándose. Además, el número de violaciones a niños y niñas aumentó de manera considerable [26]. Pág. 123.
[33] Ibidem. Pág. 127.
[34] Ibidem.
[35] Ibidem. Pág. 131.
[36] Ibidem. Tercera Parte: El derecho moderno y la escala de los actos. Pág. 237.
[37] Uno
de los ejemplos más representativos es el Discurso de WILLIAM PITT, en
la discusión del Bill Whitbread
sobre la asistencia pública, del 12 de febrero de 1796.
[38] Numerosos son los testimonios existentes al respecto, como los ya mencionados [30] y otros que forman parte del pensamiento desarrollado en esas fechas, como por ejemplo del de ENGELS, OWEN, BEAULIEU etc.
[39][26]. Pág. 264.
[40] Ibidem. Pág. 270.
[41] Ibidem. Quinta Parte: El debate social. Violación y sociedad en nuestros días. Pág. 356 a 362.