LA VIOLENCIA SOBRE LA INFANCIA EN LA HISTORIA.

Eloísa Hidalgo Pérez.

 

 

 

            Existen actitudes inherentes al ser humano que a pesar del paso del tiempo, siguen manteniéndose en al actualidad. La violencia ejercida sobre la infancia es una de ellas y se fundamenta especialmente en la debilidad intrínseca del hombre en ese momento de la vida, pasando a convertirse en la víctima más factible para ser objeto de todo tipo de abusos.

            A pesar de la evolución que ha conseguido experimentar a lo largo de la historia en planos mentales y emotivos, el maltrato a las personas más débiles se muestra como una constante permanente que con las peculiaridades propias de cada época, adquiere matices externos variados aunque de manera interna, surjan de esa premisa fundamental que es el sometimiento a otra persona como manera de acentuar el poder, desde diferentes puntos de vista. Por ello realizaremos un recorrido global a lo largo de la historia, mostrando algunas de las evoluciones más conocidas del tratamiento violento a la infancia, para lo que resultará de gran ayuda la exposición de diferentes ejemplos.

Dada la enorme variedad de violencia existente antes y ahora, concretaremos en este primer acercamiento dos de las tipologías que, se han dado desde los tiempos más remotos y se siguen manteniendo en buena parte del planeta: el matrimonio forzoso (más frecuente en niñas que en niños, salvo excepciones concretas que más tarde especificaremos) y el abuso infantil en sus variantes laborales y sexuales.

 En el primer caso, las principales víctimas han sido casi siempre las niñas. La concepción social de su sexo, generalizándose de forma casi universal la creencia de su inferioridad en todos los aspectos respecto al varón, favorecieron su conversión en objeto de transacciones diversas mantenidas en la actualidad. El ejemplo más claro lo hallamos en el matrimonio que hasta hoy, sigue siendo para la mayor parte de las mujeres del planeta un acto de violencia e imposición a edades tan tempranas como los 12 años o incluso antes, dependiendo de los lugares, costumbres y la propia condición de la víctima. En este sentido es necesario enfatizar el término que acaba de utilizarse, es decir, transacción, puesto que siempre este tipo de acuerdos con las niñas como principales víctimas, incluyen una compensación económica tradicionalmente conocida como dote, cuya composición varía en función de las zonas, pero conserva el componente comercial o de trueque como base de su ejecución.

Lógicamente, las formas externas de éste tipo de violencia han evolucionado de manera diversa, aunque son muchos los países anclados en tradiciones ancestrales que mantienen casi intactos los rituales de venta de niñas a esposos. Por lo general, éstos últimos suelen duplicarlas o triplicarlas  en edad (como mínimo) y la transacción económica realizada se conoce públicamente “entrega de la novia”, un término lingüístico que solo pretende suavizar la ilegalidad de un acto aberrante que, por desgracia lo es más en un plano ético que legal, pues las leyes de muchas de éstas naciones lo permiten sin ningún tipo de reparo.

En cuanto a los matrimonios concertados en que el “novio” tiene menos edad que la “novia”, no han sido ni son muy generalizados. Diferencias de treinta, cuarenta  y más años son inexistentes cuando la minoría está en manos del futuro marido, ya que no hay que olvidar que éstos acuerdos implican, entre otras cuestiones, un procreación rápida y abundante que en el caso femenino posee unos límites reales, marcados en buena medida por la edad física. Y en segundo lugar no se puede obviar la situación de superioridad que en la vida común va a detentar siempre, lo que ratifica el ejercicio de un poder que le es conferido desde su nacimiento como varón. Por tanto, el maltrato que a través de ésta práctica se puede efectuar sobre el niño-adolescente, queda absolutamente mimetizado por la propia educación que ha recibido desde la infancia.

Diferente es el caso del abuso infantil de tipo sexual donde, por desgracia, las semejanzas entre ambos sexos son demasiadas. Sin embargo en ésta cuestión, la preeminencia social de los varones ha supuesto y sigue siendo en la actualidad, un impedimento considerable para su conocimiento público, debido a los tabúes que de forma consciente e inconsciente perduran. En cuanto al abuso laboral, su situación suele acompañar de manera general a la anterior, convirtiéndose casi en un mismo elemento.

La utilización de las niñas en los matrimonios forzosos y el abuso infantil ha sido documentado en fuentes históricas de todas las épocas y lugares, constituyendo hasta hace poco, un acto común y frecuente que no era reconocido socialmente como violento, a pesar de la edad de las menores. Una doble moral ha condenado siempre y de manera más o menos pública dependiendo de las épocas, a las niñas y mujeres que  ejercían actividades como la prostitución (de manera forzosa al principio para casi todas, y siempre en el caso de la infancia), aunque de manera privada representantes de todos los estamentos sociales pagaran por sus servicios. Y no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo, cuando ha comenzado a verse como víctimas, sobre todo al sector infantil que es obligado a realizar este tipo de actos.

Esta ausencia de reconocimiento no supone que la violencia no existiera ni exista. La trata de niñas y mujeres más allá del compromiso matrimonial y su venta pública o privada, es una constante presente en todas las sociedades en algún momento de su evolución histórica, y la especial vulnerabilidad de los niños y niñas, les ha convertido en objeto de constantes maltratos físicos y psicológicos.

Por ello y partiendo de éstas bases, expondremos a continuación una visión global de la evolución de estos dos tipos de violencia a lo largo del tiempo, centrándonos sobre todo en el caso europeo aunque aludamos en determinados momentos a otras partes del mundo.

 

La Antigüedad

 

 

            Una constante se mantiene entre todos los pueblos de la antigüedad en el mundo, sobre los que se conserva información: se trata de la generalizada y total presencia del matrimonio forzoso y concertado que en ningún momento se veía como un acto de violencia aunque así fuera. Asumido como costumbre e incluso derecho del progenitor, esta concepción solo comenzó a variar en algunos países de manera global, a mediados del siglo pasado.

            Aunque la documentación relativa a estas cuestiones utiliza el término “mujer”, es preciso concretar que dicha acepción tal y como la conocemos en la actualidad es relativamente reciente. La capacidad procreadora de la niña la convertía de inmediato en mujer, momento en que el progenitor tenía como único deseo y fin, casarla y percibir por ello una compensación económica de tipo variado. Aunque en muchas ocasiones este tipo de conciertos se realizaban con anterioridad, consumándose la unión y ratificándose el acuerdo, en el momento preciso.

            En pueblos como Mari, Siria, Fenicia o Israel,  las fuentes encontradas destacan el “...intercambio de mujeres” [1] y el concepto que se tenía de la mujer, siendo considerada como “...una posesión del marido...” aunque”...el hombre no podía vender a su esposa pero sí a la hija...” [2] y se concretaba que era precisa la entrega de una dote por parte del novio, bien en dinero o en trabajo [3].

            En cuanto a los varones israelíes, el progenitor también casaba a los hijos [4]; pudiendo encontrar algún otro caso de este tipo en Egipto, aunque el ejemplo planteado hacía referencia a un hombre casado dos veces debido a la decisión de una reina [5], lo que modifica sustancialmente su carácter respecto a la circunstancia anterior. Pero a excepción de estos dos ejemplos, lo más habitual era la preferente utilización de la niña-mujer en este tipo de prácticas, también desarrolladas en Grecia donde “El padre era el que buscaba esposo para la hija” [6], siendo por lo general de mucha más edad que ella [7] y entregándose una dote formada por “...vestidos, joyas y esclavos.” [8].

            En las primeras épocas de Roma, la situación era similar [9] aunque a diferencia de los casos anteriores, hubo fases concretas en que la mujer consiguió acceder a una serie de libertades respecto a éstas cuestiones matrimoniales. Dichas libertades fueron rápidamente suprimidas ante el temor ocasionado en parte de la población preferentemente masculina, que veía en ellas una pérdida del control ejercido hasta el momento. Por ello se retornó a la situación anterior, siendo incentivada en las últimas fases con la presencia germana con quienes “...la idea de la adquisición por dinero volvió a tomar fuerza. [10].

            Además de lo referido, la antigüedad grecorromana presenta en el tratamiento a la infancia, algunos casos que llaman especialmente la atención por su crueldad. Quizás el más conocido sea el dado a los varones en Esparta donde, “El Estado se ocupaba del varón desde el momento de su nacimiento. Si era débil o deforme, se le eliminaba, una vez presentado a una comisión de ancianos que decidían su suerte . [11]. Si conseguían sobrevivir a esta primera “prueba”, el resto de su vida como niños desaparecía desde el momento en que se veían obligados a abandonar su hogar a la edad de siete años, pasando a estar bajo la tutela estatal que no escatimaba maltratos físicos y psicológicos para convertirlos en los futuros soldados que precisaban [12].

            Mientras tanto, las niñas espartanas eran educadas para tener hijos y su consideración se limitaba a ser tratadas como “...bellos objetos de placer...” por lo que “...se exhibían desnudas en las fiestas. [13]. A pesar de ello y a diferencia de los varones, conseguían escapar de la pederastia, aunque en realidad, la temprana edad y obligatoriedad de sus matrimonios también puede ser considerada dentro de esa tipología.

            Esta práctica, muy frecuente en Esparta donde sobrevivió aún cuando en el resto de la península había sido prohibida, comenzaba a darse a partir del cambio de tutela del menor y era considerada “...la forma más noble de amor” [14], aunque existieran leyes que condenaban la violación del joven y las relaciones homosexuales [15].

            Por el contrario, la situación en Atenas y otras polis evolucionó hacia posturas mucho más acordes con el pensamiento clásico, tratando de proteger a la infancia [16]  y cultivarla, posibilitando una educación amplia y versátil. Este concepto educacional fue igualmente asumido en Roma donde incluso se amplió a los esclavos [17].

            Sin embargo , el propio hecho de la esclavitud permitió el desarrollo de todo tipo de abusos, incluidos los maltrataos físicos y la violación sistemática de los prisioneros y prisioneras, asumiéndose como un acto habitual y común a casi todos los años y amas, aunque no se le daba esa consideración. La cotidianeidad de estos procedimientos era evidente y en algunos casos, por lo general poco antes del fallecimiento del progenitor, el hijo podía pasar a convertirse en liberto, aunque eran muchas más las ocasiones en que mantenía su condición de esclavo por ser hijo de esclava.

            Habitual era también la presencia de lupanares que tenían entre sus trabajadoras a niñas, preferentemente esclavas. Según Emmett Murphy [18], la desaparición de estos lugares dio lugar a un recrudecimiento de las violaciones y asesinatos que se generalizaron a partir del ocaso imperial, fusionándose después con prácticas violentas, sobre todo contra niñas, que pueblos invasores procedentes del Este europeo solían llevar a cabo.

 

La Edad Media

 

            Las oleadas de pueblos invasores que asolaron el agonizante Imperio Romano, no impusieron costumbres desconocidas o hábitos violentos específicos que fueran asumidos de manera general y mantenidos a lo largo del Medioevo. Como acabamos de ver, la situación precedente había desarrollado tipos de violencia contra la infancia que prosiguieron en los siglos posteriores, aunque parece que se radicalizaron a partir del s. IX.

            La concepción matrimonial forzosa conservaba las premisas esenciales con las que nació [19] considerando que las hijas constituían “...cargas: hay que vigilarlas, dotarlas, casarlas.” [20] y en ningún momento se planteaba la repercusión que este tipo de actuaciones podría tener sobre la víctima [21]. En cuanto a la edad en que se producían, los acuerdos podían llevarse a cabo desde el mismo nacimiento de la pequeña, consolidándose sólo cuando se encontraba en disposición de proporcionar hijos al esposo.

            Pero no fue esa la única violencia ejercida a lo largo del período. En realidad, al mantenimiento de la prostitución infantil, aún más incentivada por las frecuentes fases de hambrunas y penurias económicas, ha de unírsele, por ejemplo, la presencia en determinadas zonas de Europa, de una costumbre tan aberrante como la Prima Notte, consistente en la violación de las niñas-mujeres recién casadas (el mismo día de la boda), por parte del señor de las tierras en que residía. Como es evidente, nos encontramos ante el tradicionalmente denominado derecho de pernada que se ejercía tanto sobre hombres como mujeres y niños, aunque eran éstos dos últimos grupos los más afectados como norma habitual. En cualquier caso, la tipología de abusos de estas características solía ser generalizado a casi todos los estamentos sociales.

            También es necesario recordar que la explotación infantil durante el medioevo aumentó de forma considerable, sobre todo en cuanto a ejercicio físico se refiere. El trabajo en el campo desde edades tempranas, realizando labores propias de hombres y mujeres se convirtió en una constante prolongada a lo largo del tiempo. Además, la condición servil de buena parte de la Europa Medieval se tradujo en abusos constantes y numeroso maltratos físicos, fuera cual fuese la edad de la víctima.

            La poca importancia conferida a los niños en esta fase, a los que no se quiere y son considerados sólo un instrumento de trabajo, cuando no una carga [22], dio como resultado numerosos infanticidios sobre todo entre los recién nacidos, a los que se asfixiaba o ahogaba como norma general. Otro de los recursos utilizados para deshacerse de ellos era el abandono [23], con la esperanza de que murieran si eran depositados en cualquier camino o en el bosque (morirían de frío o devorados por algún animal), o bien, que fueran recogidos en algún convento o monasterio.

            Todo lo que acabamos de ver se mantuvo hasta finales del s. XIV, convirtiéndose esta fecha en uno de los numerosos márgenes cronológicos que se suelen utilizar para concretar el inicio del Renacimiento en Italia. En cualquier caso, el abuso infantil siguió manteniendo muchos elementos ya vistos, mientras otros se matizaban de diferentes maneras.

            Así, en el caso de las bodas forzosas, se comenzó a generalizar un elemento prioritario a la hora de concretar matrimonios. Hasta entonces, los intereses económicos se imponían sobre otros, salvo en el caso de las familias pertenecientes a la nobleza, aristocracia o realeza, donde los enlaces buscaban, básicamente, uniones y alianzas [24]. En ese momento, el afán burgués de ascenso social, poseído ya el poder económico, introdujo esta cuestión en las uniones concertadas. El resultado fue el mantenimiento de la mujer como objeto de transacción que, sin embargo, podía ser utilizado en más de una ocasión. Quizás uno de los casos más conocidos que han llegado hasta nosotros sea el de Lucrecia Borgia, perfecto exponente del abuso a una niña-mujer a lo largo de su vida, siendo obligada en varias ocasiones a contraer nupcias con cuatro hombres diferentes para saciar las ansias de poder de su padre y hermanos.

Además, la recuperación de algunos usos y costumbres de la antigüedad greco-latina, incidió de manera especial en la potenciación de los placeres carnales, revitalizando así ciertas prácticas que aún habiéndose mantenido en fechas precedentes, comenzaron a ser menos censuradas, a pesar de la oposición de algunos sectores e instituciones que, en cualquier caso, no llevaron a cabo represiones tan violentas como las anteriores. En ese sentido, el abuso infantil volvió a ser protagonista a través de todas las vías que ya se han visto.

Precisamente en el Renacimiento comenzó a producirse una variación en la concepción del niño que empezó a ser considerado como un ser rebelde al que era necesario enmendar, utilizando para ello todo tipo de maltratos físicos y psicológicos. Éste último aspecto es uno de los más interesante porque, cuando en su momento comenzaron a aparecer voces discrepantes con ese trato, se desarrollaron intensamente los abusos sobre la psique del niño, potenciando en él temores de tipología diversa. De todas formas, al final tuvo lugar la fusión de ambas actuaciones, generando un aumento de la presión sobre al infancia.

 

 

La Edad Moderna

 

            La evolución del trato a los niños a lo largo de este período no hace sino mantener las bases precedentes, desarrollando unas más que otras. Además, la información para esta época se localiza mucho más en ciudades y países, multiplicándose el número de ejemplos particulares.

            Pocas variaciones se encuentran en torno a los matrimonios forzosos hasta 1789, aunque sí es preciso introducir la expansión de este tipo de abusos al Nuevo Continente [25], donde a pesar de la legislación clara y específica de la reina Isabel I de Castilla a favor y en defensa de sus habitantes, se cometieron algunos despropósitos evidentes que siempre intentaron castigarse,  con mayor o menor éxito dependiendo de los casos. En ese sentido, resulta sorprendentemente gratificante la mentalidad de ésta reina y el trato que ordenó dispensar a los indígenas americanos (niños incluidos) en aquella época, con prohibiciones expresas de esclavizarles o maltratarles por ser sus vasallos y poseer en consecuencia, iguales derechos y deberes que los castellanos.

            Pero volviendo al caso europeo, vemos como el abuso a la infancia se mantuvo sin mayores cambios, aunque se conoce con más detalle el altísimo porcentaje de violaciones a menores que, por ejemplo, tuvieron lugar entre 1540 y 1692 en París, gracias a las “...49 querellas presentadas en el Parlamento... [26]. A pesar del cambio que supone la existencia de esas denuncias cuando la edad de los menores era inferior a 12 años, “No había un tratamiento especial para los delincuentes por la escasa edad de las víctimas”[27]. Quizás por ello, el “Entorno no suele querer denunciar...[28].           

            La situación varió poco después, cuando la infancia comenzó a ser considerada de otra forma, introduciéndose el componente de la indefensión y la necesidad de protegerla [29] en este tipo de cuestiones, sobre todo en los grupos sociales más pudientes. En contraposición, los niños de los sectores más pobres siguieron sufriendo todo tipo de vejaciones y ultrajes a los que la justicia, poco o ningún caso hacía.

            Además, la educación extendida paulatinamente, asumió el concepto de disciplina mediante la sistemática presencia de castigos físicos de tipo diverso. Castigos que se generalizaron hasta límites insospechados en los hospicios que comenzaron a multiplicarse en todas las ciudades donde, de manera progresiva, se adentró el proceso industrializador [30].

            De esa forma se llega a una dicotomía evidente que vuelve a tener como protagonistas a ricos y pobres. Mientras con los niños pudientes, desde finales del s. XVIII, “...las distancias afectivas se acortan: la presencia del niño es mayor y sobre todo, crece la percepción de su fragilidad...[31], la infancia de los sectores más desprotegidos vio como el abuso se intensificaba contra ellos a todos los niveles [32], si bien es cierto, la sociedad comenzó a reaccionar de manera más activa, lanzándose en ocasiones a la búsqueda captura y entrega del delincuente a la justicia [33].

            También en este aspecto aparecen a finales del XVIII, algunas variaciones. Aunque por lo general siguió manteniéndose el temor a denunciar, más por vergüenza que por otro tipo de cuestiones, la concepción social y legal de éstos delitos comenzó a variar lentamente e incluso los jueces se emocionaban [34] ante los casos planteados de forma más explícita, lo que indica una leve toma de conciencia respecto a  la gravedad de esos actos. De todas formas y a pesar de compadecer a la víctima, en la práctica las condenas eran pocas, concluyendo casi siempre, con sobreseimientos y desestimaciones [35].

 

La Edad Contemporánea

 

            Como apuntábamos líneas atrás, el proceso industrializador europeo dio como resultado el desarrollo de un tipo de violencia que se unió a la ya existente. Aunque por lo general la explotación infantil desde finales del XVIII y a lo largo del XIX se considera de una forma independiente por las numerosas peculiaridades que la envuelven, lo cierto es que no se trata más que de un nuevo paso en el maltrato infantil, acomodado eso sí, a las novedades laborales consecuentes de la Revolución Industrial.

            La primera mitad del s. XIX presentó un aumento de los casos que tenían como víctimas a los niños, ya que “...en las zonas urbanas se aviva la sensibilidad y se denuncian más los delitos sexuales, sobre todo los cometidos con menores.[36]. El hambre, la proliferación de trabajos mal pagados y el generalizado abuso a todos los niveles de los niños [37] pertenecientes a los sectores más desfavorecidos de las sociedades europeas inmersas en la industrialización, así como la vaga y escasa legislación vigente para estos casos, fueron desarrollando a lo largo de esa centuria, todo tipo de situaciones lamentables perfectamente constatadas [38].

            Discursos, testimonios personales, disquisiciones de escritores, filósofos, economistas etc, son una muestra clara de la toma de conciencia que en ciertos ámbitos estaba teniendo lugar. Pero de la misma manera, la ausencia se medidas al respecto contrastaba con la solicitud de las mismas, muy atenuada durante los primeros cincuenta años debido a las necesidades laborales de quienes las sufrían.

            En ese sentido, la segunda mitad del XIX contempló un recrudecimiento evidente de la condena moral, pero los casos siguieron creciendo sobre todo en relación con niños de edades inferiores a los diez años [39], y comenzó a ser más conocida la presencia del incesto como uno de los abusos más habituales. Solo los movimientos sociales llevados a cabo en forma de reclamaciones públicas a través de manifestaciones, huelgas etc, que por lo general poseían en sí mismas un marcado grado de violencia, posibilitaron modificaciones legales que penalizaban más o menos contundentemente, ciertas actitudes violentas respecto a la infancia, sobre todo en lo tocante a abusos sexuales.

            Como es lógico, dentro de ésta legalidad no se incluyó el concepto matrimonial que siguió manifestando caracteres similares a los anteriores, aunque poco a poco se fue imponiendo en buena parte de Europa el consentimiento de la mujer, cuya edad también aumentó a la hora de contraer matrimonio. Ello no quiere decir que no se siguieran dando uniones concertadas que se mantienen en ciertas zonas hasta la actualidad a pesar de la ilegalidad de las mismas hoy en día.

            En los años finales de la centuria del XIX, tuvo lugar no solo una mayor concienciación social en constante aumento, sino también un retroceso en la violencia [40] que desgraciadamente ha vuelto a sufrir un marcado ascenso a lo largo del s. XX, sobre todo la relacionada con la infancia [41].

            En cuanto al siglo que hace poco abandonamos, las perspectivas de un cambio radical que beneficie a la infancia, son bastante escasas. La difusión informativa de la que gozamos permite tener más conocimiento de las barbaridades que en cualquier parte del planeta se siguen cometiendo, pero también nos hacen conscientes de la poca efectividad de las medidas que se toman para paliarlas. En ese sentido, Europa posee comparativamente, una situación mucho más compleja, quizás por las múltiples derivaciones que los actos violentos siguen adquiriendo día a día.

            Como dijimos al comienzo de éste escrito, son tantas y tan problemáticas, que merecen análisis más profundos e individualizados. Por ello, apenas nos hemos detenido en la explicación de la evolución del maltrato infantil (durante el s. XX) en las variantes elegidas (matrimonio forzoso y abusos sexuales), pues desgraciadamente, podremos escribir sobre ellas de forma extensa y profusa.

 



[1] VV. AA: Historia del oriente Antiguo. Madrid, 1992. Este texto aparece en : BLÁZQUEZ, JOSÉ MARÍA: Parte Tercera. Cap. I. Pág. 290.

[2] Ibidem. BLÁZQUEZ, JOSÉ MARÍA: Parte Tercera. Cap. XVI. Pág. 386.

[3] Ibidem: “Al contraer matrimonio el novio entregaba al padre de la novia una cantidad de dinero que podía sustituirse por una prestación en trabajo”. Pág. 385.

[4] Ibidem. Cap. XI.

[5] MONTET, PIERRE: La vida cotidiana en el Egipto de los faraones. Barcelona, 1985. Pág. 43.

[6] VV. AA: Historia de Grecia Antigua. Madrid, 1989. Este texto aparece en BLÁZQUEZ, JOSÉ MARÍA: Apéndices: Apéndice I: Situación de la mujer en Grecia. Pág. 1052.

[7] Ibidem. Pág. 1051.

[8] [6].

[9] BENEYTO, JUAN: Una historia del matrimonio: la mujer, objeto de tráfico: compra y negociación. Pp. 22-23. Según recoge éste autor, la Coemptio romana “...para el jurista Gayo es como la compra de la mujer”. Pág. 22.

[10] Ibidem. Pág. 23.

[11] [6]. Apéndice III: La educación en Grecia. Pág. 1062.

[12] Ibidem. “A los jóvenes se les educó en la austeridad. Estaban mal alimentados, vestían pobremente, llevaban la cabeza rapada y descubierta y dormían sobre una litera de cañas...[...]. se les endurecía el carácter a base de golpes, incitándoles a la disputa y a la pelea de unos contra otros...”. Pág. 1063.

[13] Ibidem. Pág. 1063.

[14] Ibidem. Pág. 1063.

[15] Ibidem. Pág. 1064.

[16] Salvo en el caso de los matrimonios que eran concebidos como algo natural y necesario a pesar de la obligatoriedad e imposición de los mismos.

[17] VV. AA: El Imperio Romano. Madrid, 1989. T. II. Este texto aparece en BLÁZQUEZ, JOSÉ MARÍA: Cap. X. Pág. 394.

[18] MURPHY, EMMETT: Historia de los grandes burdeles del mundo. Madrid, 1998.

[19] DUBY, GEORGES y PERROT, MICHELLE (Dir): Historia de las mujeres. Madrid, 2000. Es decir, el componente esencial era económico, como describe L´HERMITTE-LECLERCQ, PAULETTE cuando dice que “La unión podía servir para completar una parcela o absorber la tienda vecina”. T. II. Las mujeres en el orden feudal (siglos XI y XII). Pág. 277.

[20] Ibidem. Pág. 269.

[21] Ibidem. L´Hermitte-Leclercq efectúa una pregunta evidentemente imposible de llevarse a cabo en la época que estamos tratando: ¿Qué repercusión podía tener sobre las psique de la niña el sentirse a tal extremo en el tránsito, tan precozmente arrancada de su madre y del marco de sus primeros años?. T. II. Pág. 272.

[22] Ibidem. T. II. Pág. 256. El hecho de tener muchos hijos, suponía más mano de obra, pero también más bocas que alimentar, circunstancia por la que muchas veces se prefería acabar con ellos de formas diversas.

[23] Ibidem. T. II. Pp. 352-353.

[24] Lo que por otra parte y de manera factible, terminaba enlazando con la cuestión monetaria.

[25] Llegados a este punto es preciso concretar una serie de cuestiones.. Cuando hablamos de expansión, no queremos decir que los matrimonios forzosos no existieran con anterioridad a la llegada colombina pues resulta  evidente que éste tipo de actuación es común para todas las partes del mundo en uno momento u otro. Sin embargo, la conquista y colonización de América, no solo mantuvo en ciertos casos las uniones concertadas dentro del seno de la población india, sino también las establecidas intercontinentalmente como consecuencia del poblamiento de aquellas tierras, siendo víctimas tanto nativas como hispanas peninsulares y más tarde, criollas.

[26] VIGARELLO, GEORGES: Historia de la violación, ss. XVI-XX. Madrid, 1999. Primera parte: El Antiguo Régimen, la violencia y la blasfemia. Punto 3. Pp. 88 a 94.

[27] Ibidem.

[28] Ibidem.

[29] [26]. Segunda Parte: Renovación e impotencia relativa de la ley. Punto 2. Pág. 120.

[30] Destaca en este sentido la presencia de obras literarias donde de forma clara se especifican todo tipo de vejaciones a las que son sometidos buena parte de estos niños, sobre todo en el s. XIX. Citamos por encontrarse entre las más conocidas a nivel mundial, algunas de las obras de CHARLES DICKENS: Oliver Twist. Madrid, 1990., y David Copperfield. Madrid, 1999.

[31] Ibidem. Pág. 120.

[32] Es necesario mencionar que el niño pobre desde el s. XVIII era considerado como un adulto incompleto al que se tenía que maltratar de todas las maneras posibles, para que fuera enmendándose. Además, el número de violaciones a niños y niñas aumentó de manera considerable [26]. Pág. 123.

[33] Ibidem. Pág. 127.

[34] Ibidem.

[35] Ibidem. Pág. 131.

[36] Ibidem. Tercera Parte: El derecho moderno y la escala de los actos. Pág. 237.

[37] Uno de los ejemplos más representativos es el Discurso de WILLIAM PITT, en la discusión del Bill Whitbread sobre la asistencia pública, del 12 de febrero de 1796.

[38] Numerosos son los testimonios existentes al respecto, como los ya mencionados [30] y otros que forman parte del pensamiento desarrollado en esas fechas, como por ejemplo del de  ENGELS, OWEN, BEAULIEU etc.

[39][26]. Pág. 264.

[40] Ibidem. Pág. 270.

[41] Ibidem. Quinta Parte: El debate social. Violación y sociedad en nuestros días. Pág. 356 a 362.