¿UNA PESADILLA...?
Como cada noche llegabas a casa cabreado y quemado del trabajo y lo primero que preguntaste a ladridos por el pasillo de la entrada, sin ni siquiera saludar antes, fue:
-¿Dónde estás
hija de puta? Ven, solo quiero hablar del dinero que has dejado
a deber en el bar
de Luis.
La verdad es que unas cuantas razones para estar enfadado tenía: exactamente el dinero del mes, me lo había gastado todo en alcohol y drogas, estaba tan ida que en verdad, yo creo que no tenía ni la más remota idea del peligro que estaba corriendo escondida en el armario de la habitación. En cierto modo ya me daba igual acabar desfallecida o quizás muerta bajo sus golpes, en ese momento era todo muy extraño, no sentía ni padecía, simplemente oía sus pasos retumbando en el suelo y acercándose hacia donde yo estaba.
¡Dios! Es como si todavía lo estuviese viendo delante de mí con su cara fruncida y desdeñosa. Al verme me sacó de los pelos arrastrándome hacia el salón, intenté incorporarme, pero de una bofetada volví a besar el suelo de nuevo con los dientes. Realmente no sé lo que me hizo reaccionar, pero me levanté y salí corriendo hacia la entrada, iba tan borracha que ni siquiera vi el paragüero; cuando volví a caer pensé:
-¡Mierda!, ahora estará más cabreado.
Riéndose a carcajadas se acercó, me dio la vuelta e intentó incorporarme, al no poder, me dejó sentada en el suelo con la cara hinchada y dolorida; inclinándose hacia mí me susurró al oido:
-Tranquila, cariño, sólo te estoy enseñando a hacer bién las cosas, es muy simple: si tú me haces caso, yo no me enfado, y no tendré que pegarte.
Esa palabra retumbó en mi cabeza infinitas veces. Cogí uno de los paraguas y le pegué en la cabeza, le hice una brecha, o al menos eso creo. Con la mano derecha me sujetaba cada vez con más fuerza el brazo, sus dedos poco a poco se iban hundiendo mas, el escozor de mi mejilla se había convertido en un insoportable dolor punzante en mi cabeza. Con la otra mano tocó la sangre que corría por su frente y volvió a pegarme, diciendo con su voz macabra y fría.
-¡Niña mala!, ¡No te preocupes, papá te enseñará!
Volví a pegarle una y otra vez hasta que cayó al suelo y yo me levanté. En mi cabeza seguía la amarga palabra repitiéndose una y otra vez, pero yo no podía dejar de pegarle, ya no lo hacía con el paraguas sino que mi bota se hundía en su estómago, creo que chillaba o gemía, no lo se, estaba tan ida en ese momento que ahora no me acuerdo de todos los detalles. De repente mi cabeza se serenó y le ví tirado en el suelo, ese cuerpo grande y sudoroso, desaliñado, ¡puag!.No sé como pude enamorarme de una persona tan repugnante y lo peor de todo es que no he sido capaz de acabar antes con esto, quizás esta no ha sido la mejor manera, pero sí la más eficaz.
Sinceramente no sé si lo maté, en ese momento creía que sí, pero sólo supe salir corriendo, llegué hasta un parque, me pareció hermoso incluso en aquella oscuridad,la lluvia caía con fuerza sobre mi cabeza, pero ya no me importaba nada; quizás mañana me encontraré resentida por no haberme cubierto la cabeza, pero preferí usar mi paraguas para "metérselo por el culo a ese cabrón", porque si hay algo en este mundo que verdaderamente me envenene es que me traten como una mierda y él lo había hecho durante demasiado tiempo; además solo él sabe hacerlo de una manera especial ¡no lo soporté más!, y me alegro, me siento bién, aquí bailando bajo el ritmo de las gotas al caer contra el suelo.
Sigue lloviendo pero no me apetece volver a casa, todavía me tiemblan las piernas y la cara creo que se me ha hinchado, podría ir a casa de mis padres, pero creo que sería mejor no hacerlo, seguro que me aconsejarán de maravilla pero tendría que escuchar pensar a sus mentes privilegiadas:
-¡Te lo dije!.
Bueno, creo que voy a dejar de pensar, voy a sentarme en este banco a ver cómo cae la lluvia y a fumarme un cigarro...¡Mierda! Solo me queda un pitillo.
Mientras cae la lluvia pienso en lo fácil que era todo antes, mis amigas y yo nos sentábamos en este mismo banco y dibujábamos corazones con nombres dentro, riendo por tonterías y por supuesto haciendo extrañas estupideces. Seguro que por aquí hay algo que yo haya escrito.
¡Anda! ya no me acordaba de este chico, le he olvidado al igual que olvidaré a este y a un par más de ellos, seguramente me quede sola, pero ahora no quiero pensar en eso, voy a imaginar que voy volando a cualquier parte, aunque con lo que llevo encima no es muy difícil, el viento me acompaña sin molestar y decido bajar a tierra firme, pero no a cualquier sitio, de ser que sea en la playa, con el sol acunándose en el mar, listo para echarse a dormir. La brisa que corre le obliga a ir mas rápido y la luna llena poco a poco empieza a relucir envidiosa por mi expectación hacia el sol. Ya vuelvo, pero no ha dejado de llover, mi último cigarro se ha convertido en una colilla que surca un riachuelo de agua que va a dar a una alcantarilla, seguramente cuando llegue al borde no caerá inmediatamente, pedirá piedad pero todos sabemos cómo acabará la colilla.
Quizás este buen hombre, que corre por el parque para no mojarse, sea tan amable de darme un cigarro. Le llamo, pero no me escucha, le vuelvo a llamar y hace caso omiso.
-Esta bién, pasa de mí, no merece la pena.
Le dije, en un último intento de que me hiciera caso, aquel hombre mojado e impaciente se giró y desde donde estaba me miró atentamente y cuando le iba a preguntar si tenía tabaco me insultó, me llamó puta y tranquilamente se giró y siguió su camino, seguramente se me hincharon todas las venas de mi cuerpo, no lo se, lo que si se, es que la adrenalina corría por todo mi cuerpo a mil por hora, lo primero que pensé fue tirarle un zapato a la cabeza y así lo hice. Al parecer su problema no era que estuviera mojado, su problema era más grave y triste, se le notaba en la furia de sus ojos, su vida no estaba llena, no era feliz. Conozco esa expresión a la perfección, la veía todos los días al mirarme al espejo; lo que yo nunca hubiera hecho fue lo que hizo ese hombre, cogió mi zapato y salió corriendo riéndose de mi y mirando hacia atrás.
Prefiero ir sin zapatos que con uno solo, la calle esta fría pero ya no llueve, chispea, y las suaves gotas me masajean los pies, parece que me voy calmando pero la hinchazón de mi cara hace que recuerde ciertas cosas.
Creo que lo mejor es que vaya a casa de mis padres y les explique todo e intente solucionarlo; se me olvidaba que voy descalza, cogeré un autobús, qué vergüenza.
He llegado al portal sólo me queda entrar y enfrentarme a la realidad.
Seguramente mañana al despertarme todo haya sido un mal sueño, así que lo único que tengo que hacer es cerrar los ojos y soñar un poco mas.
Antes de dormirme sólo aclarar que mañana se me habrá pasado todo y volveré a vivir como si todo fuera verdad.
Creo que debería ir a casa de mis padres, dormir y descansar lo suficiente, para mañana estar en plena forma.
No sé si estará vivo, pero si lo está no será feliz. Daré la vuelta a la tortilla y yo saldré ganando.
He llegado al portal...
Jana Ibañez alumna de 4ºB