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Pena de Muerte

 

 

Opinión de Juanjo (en La Voz del Occidente, mes de Marzo de 2000)

Opinión de Gustavo Bueno

 

 

Encuesta en el Instituto a padres y alumnos

Silla eléctrica

Tu opinión (firmada)

 

Rellena una encuesta

 

 

 

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¿Reimplantar la pena de muerte?

JUANJO ALONSO TRESGUERRES

 

 

En este artículo se analiza el tema de la pena de muerte, sus pros y sus contras. Entre los argumentos a favor selecciono los del eminente filósofo Gustavo Bueno que en los últimos años ha venido defendiendo la pena de muerte para los casos de terrorismo en lo que él llama "eutanasia procesal". Asimismo, se aportan los datos de una reciente encuesta realizada entre jóvenes y adultos en tres municipios del Occidente Asturiano.

 

En el Mundo, más de la mitad de los países la aplican. Pero el caso más sangrante es el de EE.UU. dado que supuestamente lidera las democracias libres: si bien la había abolido, en 1976 la pena de muerte fue reimplantada en 37 estados. Desde entonces unas 600 personas han sido ejecutadas. Y la progresión de ejecuciones por año va en aumento. Más de 3.000 condenados esperan saber el día de su ejecución. Una reciente encuesta revela que un 75 % de los norteamericanos está a favor de la pena de muerte. Por ello, muchos políticos juegan con esta carta para aumentar su número de votos. Una vez más, para ellos, el fin justifica los medios.

En España la pena de muerte se abolió en 1978 con la Constitución: la abolía salvo en caso de guerra, supuesto éste que también se eliminó en 1995. En los más de veinte años de democracia este tema parecía enterrado para siempre. Sin embargo este es uno de esos temas tabú que la gente no suele apoyar en público pero que sigue actuando en nuestro subconsciente. Es "socialmente" o "políticamente" incorrecto decir que se está a favor de la pena de muerte. Pero quizás la posibilidad de reimplantarla –espero que no- estuviese despertando de un "letargo primaveral": y digo esto porque el letargo, en mi opinión, no nos despertaría renovados a una nueva época llena de vida sino todo lo contrario: sería un paso atrás de la condición humana en nuestro país.

La condena a muerte en Florida de un español, Joaquín José Martínez, ha venido reavivando el caso: ya no es algo que les ocurre a los americanos y a países lejanos o subdesarrollados. Supongo que ver a un español en esos trances hace que uno se replantee el tema. Pero su caso más bien animaría a cuestionarse la pena de muerte. Parece ser que hay muchas dudas sobre la justicia del proceso. Sus padres están pidiendo un nuevo juicio.

En España es el terrorismo de ETA lo que está haciendo que el tema se esté replanteando. El filósofo Gustavo Bueno es uno de los pocos intelectuales que públicamente defiende la pena de muerte. Habla de una "eutanasia procesal". En realidad, aunque él diga que no es lo mismo, está hablando de la pena de muerte.

 

 

Argumentos a favor y en contra

 

Los argumentos que se mantienen a favor de la pena de muerte tienen todos ellos una respuesta clara.

"Ojo por ojo y diente por diente" es uno de los argumentos clásicos de los defensores. Proviene de la propia religión. Se piensa que la autoridad debe ser drástica. Pero eso no hace que los familiares de la víctima recobren la persona asesinada. Al contrario, vivir con el odio puede multiplicar ese dolor. La muerte del otro no restituye el mal. En contra, está el posible error judicial (desde 1900 se sabe que en EE.UU. al menos 350 personas condenadas eran inocentes. Hay informes que dicen que uno de cada siete condenados resultaron ser inocentes. Y aunque no sean inocentes, cabe la rehabilitación del condenado. La naturaleza humana es dúctil. Ya sé que es más fácil destruir que construir, y no es fácil que una persona violenta cambie pero es posible.

Otro argumento clásico a favor es el disuasorio: la pena de muerte disuade a otros asesinos de cometer crímenes. Pero está claro que tampoco es cierto. En aquellos estados de EE.UU. donde hay pena de muerte no hay menos crímenes que en los estados donde no existe. Y es que, en la mayoría de los casos, los crímenes no son premeditados sino que son el resultado de un robo u otra acción delictiva que sale mal y acaba en asesinato. La pena de muerte no va a evitar estas muertes.

Y un tercer argumento es el de aquellos que dicen que la justicia es imperfecta: si van a la cárcel salen en cuatro días y vuelven a delinquir. Pues bien, si el sistema de justicia no es el más correcto, como así parece por la valoración que la gente hace de la Justicia, y si el sistema carcelario no es el ideal, cámbiense ambos sistemas. Las estadísticas de los condenados a muerte nos dicen que precisamente lo que no es justo es a quién se aplica: en EE.UU. la pena de muerte va unida al Racismo y al clasismo: si no eres blanco y eres pobre tienes muchas más posibilidades de ser condenado. Y por otra parte, y esa me parece la contradicción mayor: que alguien haya acabado con la vida de otra persona se quiere solucionar quitándole a su vez su vida. Es como si a un adolescente le dices que no debe fumar mientras tú tienes el cigarrillo en la boca. En definitiva, el Estado se cree en el derecho de acabar con la vida de individuos que tienen disfunciones graves en su conducta, lo cual responde a cuestiones estrictamente personales en las que el Estado no tiene ninguna responsabilidad. Papá Estado reniega de la paternidad de sus hijos malos. Como dice mi amigo Bernabé, se considera que la sociedad es inocente y el individuo culpable. Por ello, no tienen sentido ni la rehabilitación ni la reinserción. ¡Terrible!.

 

 

 

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Ilustración de Paco Sanchidrián

 

 

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Encuesta en el Occidente

Dos terceras partes, a favor de la pena de muerte

 

La encuesta se realizó entre 290 personas de 3 municipios del Occidente Asturiano. La mitad de los encuestados eran jóvenes (con edades comprendidas entre los 16 y los 18 años, la mayoría de 16) y la otra mitad adultos.

 

 

 

En qué casos aplicarían la pena de muerte

Comparativa entre adultos y jóvenes (en porcentajes)

 

1º caso

Asesinatos muy violentos

2º caso

Violaciones

3º caso

El Ejido

4º caso

Terrorismo de ETA

Chicas

27

45

27

38

Mujeres

37

49

37

54

Varones

48

56

42

58

Chicos

58

66

42

63

Jóvenes

Adultos

44

41

56

52

35

38

52

55

 

En cuántos casos aplicarían la pena de muerte

Comparativa entre adultos y jóvenes (en porcentajes)

Totalmente en contra

A favor en

1 caso

A favor en

2 casos

A favor en

3 casos

De acuerdo en los 4 casos

Jóvenes

Adultos

Jóvenes

Adultos

Jóvenes

Adultos

Jóvenes

Adultos

Jóvenes

Adultos

Mujeres

49

40

7

8

19

13

7

8

17

30

Varones

24

29

9

10

12

21

22

6

32

33

General

35

36

8

9

15

16

15

7

26

31

 

 

En primer lugar se les preguntó a los encuestados si eran partidarios de la pena de muerte sin más. No se especificaban casos. Entonces, el porcentaje era muy inferior a lo que fue después: sólo un 9 % de los jóvenes y un 13 % de los adultos decía estar a favor: por supuesto había un porcentaje muy alto de abstenciones.

Posteriormente, a los encuestados se les preguntaba si aplicarían la pena de muerte en alguno de estos cuatro casos concretos: cuando se comenten asesinatos muy violentos, cuando se comenten violaciones como en el caso Alcasser o el caso del soldado de Avilés, cuando se produce un asesinato sin sentido como el del caso Ejido, o en el caso del terrorismo de ETA.

La conclusión de la encuesta es que dos terceras partes está a favor de la reimplantación de la pena de muerte. Las que menos apoyan la postura son las mujeres (sobre todo las jóvenes). Los que más, los varones (los jóvenes sobremanera). Por tanto, el porcentaje que apoya la pena de muerte es muy similar al que se da en Estados Unidos.

Y los casos en que la gente vería más claro la reimplantación son en los casos del terrorismo de ETA y en el caso de las violaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Postura de Gustavo Bueno

 

En 1995, en una conferencia junto con otras cuatro personalidades de la cultura, defendió "Diez propuestas para el próximo milenio". La propuesta quinta decía: "Implantación de la eutanasia para asesinos convictos y confesos de crímenes horrendos". Allí, Gustavo Bueno argumenta que esta "eutanasia procesal" no debe confundirse con la pena de muerte puesto que esta nueva fórmula estaría basada en el principio ético de la generosidad. La argumentación es muy ingeniosa, como todo lo de Gustavo Bueno, pero no válida para mí. Extraigo aquí las líneas fundamentales de esa argumentación:

"Cuando consideramos al asesino como persona responsable, la interrupción de su vida puede apoyarse en el principio ético de la generosidad, como un acto de generosidad de la sociedad para con el criminal convicto y confeso. (...) En el supuesto de que fuese un imbécil moral sería necesario conseguir, mediante un tratamiento pedagógico adecuado, que el criminal alcanzase la conciencia plena de su culpa, y cuando la hubiera adquirido habría que aplicarle el mismo principio que utilizamos ante el criminal ya consciente de su culpa. (...) Por supuesto, descartamos la aplicación a nuestro caso de la hipótesis de la rehabilitación: suponemos que el crimen horrendo compromete de tal modo la identidad del criminal que su culpa no puede ser expiada. No le aplicaremos la eutanasia, por tanto, por motivos de ejemplaridad sino por motivos de su propia personalidad responsable, una e irrepetible".

Esta postura viene sustentada por un principio básico para Gustavo Bueno: el valor supremo no es la vida sino la libertad. "La persona libre que ha llegado al grado cero de su personalidad merece un acto generoso de la sociedad que le libre del sufrimiento, un suicidio asistido que tiene por fundamento la generosidad" (La Nueva España 24-7-1997). "Para el filósofo, la consideración de la vida como valor insuperable procede de una ideología propia de la sociedad burguesa, industrial y democrática, en la que el individualismo es el único criterio" (Ib.)

En este último año las declaraciones han subido de tono y en ellas ya no habla de "eutanasia procesal" sino simplemente de "pena de muerte". Incluso dice en una entrevista que él mismo mataría a un etarra (La Vanguardia 16-7-1999). Después del segundo atentado tras la tregua de ETA dijo que frente al terrorismo no cabe el diálogo, sólo la pena de muerte. (LNE 24-2-2000).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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