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Drogas

 

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Drogas

 

 

 

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Acerca de la droga

BERNABÉ MADERA NUÑEZ

 

        ¿Es la droga mala? ¿Se debe legalizar la droga?. Esta breve reflexión va encaminada a intentar responder estos interrogantes. Con relación al primero cabe decir que la droga no es buena ni mala, su bondad o maldad dependerá del uso que se haga de ella: por todos es conocida la sentencia "El veneno en pequeñas dosis cura, en grandes mata" pues lo mismo se podría decir de cualquier sustancia, llámese alcohol, heroína, cocaína, morfina, LSD, etc. El segundo interrogante está íntimamente ligado al primero, si consideramos que lo que hace daño es el mal uso de cualquier sustancia, habría que preguntarse cómo se llega a tener sabiduría en el manejo de aquello que puede resultar peligroso. En nuestra sociedad, se utilizan simultáneamente dos procedimientos, uno es legalizar algunas drogas, tomemos como ejemplo el alcohol, tabaco, determinados medicamentos, etc, y el otro, prohibirlas: hachís, cocaína, LSD, heroína, etc. En el primer sistema se avisa que estas drogas pueden ser peligrosas, que es necesario controlarlas, tener mesura, en definitiva tener sabiduría ya que si no, se corre el riesgo de que en vez de utilizarlas tú a ellas, te utilizan ellas a ti. Sucede eso cuando la voluntad de uno queda anulada, y ya no se puede decidir entre consumir y no consumir, es la sustancia la que consume a uno. En el segundo procedimiento la ley nos dice que algunas drogas, las que ella prohibe, son siempre malas y no se da cuenta, o no se la quiere dar, de que lo que es peor no son las drogas sino las circunstancias en la que estas son consumidas: precio elevadísimo, adulteración, en algunos casos conciencia del individuo que las toma de ser un ser marginal, dosis elevadas, ansiedad por consumirlas, mala alimentación, etc. Hay que gritar para que la sociedad lo oiga, ¡no!, ¡no! y ¡no!, no es la droga la principal causante del problema, es el contexto donde ésta es consumida el verdadero problema. ¿Es que acaso creemos que si el alcohol estuviese prohibido disminuiría el número de alcohólicos y los problemas que estos tienen? ¿Debemos prohibir o educar? ¿Debe el estado adoptar como lo está haciendo hasta ahora una actitud paternalista permitiendo unas drogas supuestamente buenas y prohibiéndonos otras supuestamente malas? ¿O debe dar información acerca de las diferentes drogas que se consumen, educando a la gente en los efectos de su uso y peligros de su abuso? ¿Debe tener el individuo desde el conocimiento la capacidad de elegir o se debe erigir el Estado en un hipócrita padre que nos dice lo que nos conviene y lo que no nos conviene?

        Por ser este un asunto difícil y polémico trataré en otroescrito de algunos aspectos no mencionados aquí que pueden dar más luz a mi posición.

 

ACERCA DE LA DROGA 2

(Bernabé Madera Nuñez)

 

        Las presentes reflexiones vienen a continuar el anterior escrito acerca de las drogas. Si los lectores gozan de buena memoria se acordarán de las dos preguntas y su intento de respuesta aparecidos en la pasada reflexión. Son esta líneas un intento de abrir nuevas preguntas y un ensayo de responder mejor a las ya hechas. Recuerdo el debate acerca del divorcio cuando los contrarios al mismo argumentaban que si se legislaba a favor de él aumentarían enormemente las separaciones y el mismo tipo de argumentación aparece en los debates sobre el aborto. La experiencia nos demuestra que en aquellos países donde el divorcio y el aborto son permitidos la situación no ha empeorado. Más o menos se producen las mismas separaciones y abortos. Lo único que ha cambiado son las condiciones en las que estas se producen, aspecto en que sí se ha mejorado enormemente, siendo mucho menos traumáticas las decisiones tomadas. No creo que se a necesario argumentar aquí lo diferente que es separarse o abortar dentro o fuera de la ley.

        Con relación a las drogas prohibidas cabe hacerse la misma pregunta. ¿El hecho de legalizarlas va a aumentar significativamente el número de consumidores? ¿Y creemos que si este consumo aumenta, los efectos sobre los consumidores serían tan nocivos, permanecerían igual o mejorarían?.

        Las respuestas a estas preguntas solamente nos las puede dar la experiencia. Durante mucho tiempo hemos planeado una estrategia: la prohibición. Y si los efectos de este planteamiento no nos gustan, cambiemos de estrategia y veamos cuales son los resultados. Lo que sí está claro es que una misma droga hace mucho más daño en aquellos países donde está prohibida que donde está permitida. El porqué de esto es fácil de explicar. Cada cultura tiene sus drogas y éstas están muy asimiladas dentro de la sociedad, existe cierta sabiduría en su consumo, sabiduría que se adquiere desde joven aunque es inevitable que ciertas personas terminen por hacer mal uso de ellas. El problema aparece cuando se traslada una droga de un contexto cultural en que está asimilada a otro donde no existe tradición, contacto con esta sustancia. Hay una invasión de un cuerpo extraño en una sociedad que no está preparada para recibirlo, y los efectos sobre esta son desvastadores. Ahora bien, una vez que una sociedad entra en contacto con esta droga, ¿cuál es la mejor estrategia para combatirla? ¿la educación o la represión?. Con la educación utilizamos el mismo arma que aquellas culturas de donde proviene la droga y cuyos efectos son mucho menos perjudiciales. Con la represión nunca alcanzaremos la mayoría de edad y "papá estado" nos lleva de la mano por el camino del Bien. ¿Qué pasaría si el dinero que se gasta en represión (aproximadamente el 70 % o el 80 % de la gente que está en la cárcel es por motivos relacionados con la droga) se dedicase a prevención y educación?. Qué sociedad tan diferente aquella que educa de aquella que reprime. Amigos lectores, es este un tema difícil, complejo, pero no por la materia tratada sino por la intoxicación informativa que nos inunda. En un próximo capítulo seguiré explicando mi opinión sobre las drogas.

 

ACERCA DE LA DROGA 3

(Bernabé Madera Nuñez)

 

        A vueltas con el tema de la droga pero visto desde otra perspectiva: Hablando con la gente y preguntándoles qué opinan acerca de la droga y qué medidas tomarían para combatirla, me he ido haciendo a la idea de cuál es la ruta mental que han seguido para formarse su opinión. Y este camino no es otro que el que los medios de comunicación han querido: crear un gran porcentaje de gente que piensa que la heroína es intrínsecamente mala, que es imposible consumir heroína y llevar una vida que la sociedad considera respetable, que con la heroína no hay medida y probarla te lleva a consumir cada vez dosis mayores enganchándote con muy pocas posibilidades de salirte de ella...Y todo esto no es cierto. ¿O es que acaso la metadona, que es la sustancia que el estado utiliza para tratar a los heroinómanos es mejor que la heroína. No, no es mejor. La diferencia está en que una es legal y la otra no. Qué paradoja, que para combatir los efectos de una adicción a una sustancia prohibida sea necesario legalizar otra. Si la heroína no estuviese prohibida no sería necesario legalizar la metadona para combatirla.¿Es que acaso no estamos viendo a jóvenes con tratamiento de metadona llevando una vida normal?. ¿Y son estos jóvenes drogadictos?. Sí, sí lo son. Pero adictos a una sustancia que pueden conseguir sin necesidad de delinquir, sin estar sometidos todo el día a la enorme presión de "buscarse la vida" para poder chutarse. ¿Es que el hecho de que una sustancia, cualquiera que esta sea, se pueda adquirir a cierta edad con facilidad obliga o favorecer que se consuman sin medida? Porque si esto es así, habría que retirar del mercado todas las sustancias susceptibles de crear adicción y peligrosas para la salud del individuo. Fijémonos en el alcohol.: está al alcance de cualquiera , y precisamente por ello, no hay ansiedad por consumirlo ni se piensa que porque esté ahí haya que utilizarlo a todas horas. Como ya dije, en la primera reflexión , nada es bueno ni malo, todo depende del uso que se haga de ello. Que sea fácil adquirirlo no es una invitación a su abuso aunque se pueda caer en ello. Es más bien una invitación a la responsabilidad, a la madurez, a la autonomía. Las cosas están ahí y puedes abusar de ellas con consecuencias negativas para ti y para la sociedad, o bien puedes hacer buen uso y utilizarlas tú a ellas, no ellas a ti. Lo vuelvo a decir y no será la última vez. Hay dos caminos: educación o represión. Dependiendo del tipo de sociedad que queramos, elegiremos uno u otro. Con la educación formamos individuos libres, capaces de elegir. Con la represión formamos individuos miedosos, dominados por la ignorancia, que parece ser son los que interesan a un estado que quiere intervenir cada vez más en la vida de los individuos en cuestiones morales. Porque no debemos olvidarnos que son decisiones personales las que son suplantadas por decisiones estatales. Volveremos a tocar este tema.

 

 

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