Cuando estamos familiarizados con el tamaño de
un objeto, nuestra memoria de su tamaño habitual nos sirve de indicador
para estimar su distancia.
Los objetos cercanos parecen más grandes porque
proyectan una imagen más grande en la retina.

En un experimento realizado por William Ittelson en la Universidad de Princenton se pidió a los sujetos sentados en un cuarto oscuro que mirasen con un ojo unos naipes. Cuando se les presentaba un naipe de tamaño doble que el de los naipes normales, los observadores lo creían a mitad de camino de donde realmente estaba. Cuando veían un naipe cuyo tamaño era la mitad del tamaño de un naipe normal, tendían a estimar que estaba a una distancia doble de la real.
En una variante de este experimento, se enseñaba a los observadores un objeto ambiguo (una esfera blanca). Si se les decía que era una pelota de pin-pong la juzgaban más cercana que si se les decía que era una pelota de tenis.
Si
dos naipes, ambos de tamaño normal pero separados del sujeto por
distancias diferentes, como en a, se miran con un ojo, contra un
fondo oscuro, arrojarán imágenes ópticas diferentes
en la retina del ojo. Se juzgará que la imagen más pequeña
se encuentra más lejos; el tamaño relativo es una de las
claves para la percepción de la distancia. Este juicio será
confirmado si el naipe más cercano impide la vista de una esquina
del naipe distante; la interposición es otra de las claves para
la percepción de la distancia. Sin embargo, si se recorta cuidadosamente,
como en b, una esquina del naipe más cercano, el más
distante parecerá ahora estar delante del más cercano, pero
parecerá de un tamaño mucho más pequeño, como
en c.
(Krecht y Crutchfield: Elements of Psychology, tomado de: George A. Miller: Introducción a la Psicología, pág. 151; Alianza Editorial, 1983)
Es improbable que utilicemos el tamaño acostumbrado como un indicador primario para la percepción de la profundidad. Cuando el tamaño acostumbrado entra en conflicto con la perspectiva no solemos cuestionar la profundidad que percibimos sino que nos parece que los objetos tienen un tamaño anormal.
Este fenómeno se hace evidente en la cámara de Ames:
