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El objeto físico emite o refleja radiaciones luminosas de
distinta frecuencia e intensidad (estímulos).
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Las radiaciones luminosas penetran en el interior del globo ocular
a través de la pupila, que se dilata o contrae en función
de las condiciones luminosas por la acción del iris. Hasta llegar
a la retina, que es la parte fotosensible del ojo, tiene que atravesar
la córnea, el cristalino y la cámara interior acuosa.
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La retina está compuesta por tres tipos de células
(ganglionares, bipolares y fotorreceptoras). La energía luminosa
incide primero sobre las células ganglionares que no son sensibles
a la luz; luego sobre las bipolares que tampoco lo son y, por último,
sobre las fotorreceptoras (conos y bastoncillos) que son las únicas
sensibles a la luz. Hay, además, otros dos tipos de células:
las células horizontales, que conectan entre sí a los conos
y los bastoncillos, y las células amacrinas, que conectan las células
bipolares con las ganglionares. [VER
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Sólo una pequeña parte del espectro electromagnético
de las ondas luminosas (el situado entre las 380 y las 780 milimicras)
puede ser captada por los conos y bastoncillos, los cuales están
especializados. Los conos actúan como receptores del color y operan
en condiciones de moderada o alta iluminación ambiental. Los bastoncillos
son receptores acromáticos que operan en condiciones de escasa iluminación
ambiental. En el ojo humano hay unos 120 millones de bastoncillos y entre
6 y 7 millones de conos. En total, pues, hay más de 126 millones
de células fotorreceptoras.
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En estas condiciones, los estímulos luminosos producen en
la retina del observador una proyección óptica invertida
del objeto. El tamaño de la proyección óptica varía
según sea la distancia entre el objeto y el observador. La forma
de la proyección óptica varía con el cambio de la
inclinación del objeto respecto al observador.
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La energía electromagnética que incide sobre los conos
y bastoncillos es transformada en impulsos nerviosos que llegan hasta las
células ganglionares cuyos axones se unen para formar el nervio
óptico en el disco óptico, llamado punto ciego porque carece
de células fotorreceptoras y no es sensible a la luz.
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Los haces nerviosos de cada ojo se encuentran en el quiasma óptico
donde parte de ellos se cruzan para ir a parar al hemisferio cerebral opuesto,
de manera que las fibras que salen del lado izquierdo de ambas retinas
(y que corresponden al lado derecho del campo visual) se proyectan hacia
el hemisferio izquierdo y las que salen del lado derecho de ambas retinas
(y que corresponden al lado izquierdo del campo visual) se proyectan hacia
el hemisferio derecho.
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Los impulsos nerviosos llegan a través del cuerpo geniculado
lateral del tálamo hasta la corteza visual del cerebro, situada
en el lóbulo occipital, modifican su estado fisiológico y
se produce la experiencia perceptiva [VER
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