Drogas en el trabajo

La farmacodependencia también se da en el ambiente laboral. Aquí, los sectores productivos que registran mayor consumo de sustancias psicoactivas. La cocaína se consume más en el sector financiero, mientras que en la administración pública hay más adictos a estimulantes y tranquilizantes.

Por María Fernanda Rojas Mantilla, de la agencia de información Enlace, proyecto de Comunicación para la superación del problema de la droga, mincomunicaciones

Desde que Plinio sugirió en el siglo I de nuestra era que los trabajadores de las minas romanas debían usar una vejiga animal desajustada para protegerse de la inhalación de óxido rojo de plomo, hasta la actualidad, las medidas de protección laboral han avanzado– y deberán seguir haciéndolo– en procura de adaptarse a los riesgos ocupacionales que surgen de la mano con el desarrollo tecnológico y con las características de la vida moderna del ser humano.

La ciencia reconoce la existencia de nuevos factores de riesgo en el desempeño laboral relacionados con las condiciones físicas y psicológicas en los ambientes de trabajo, que a su vez determinan el surgimiento de patologícas físicas entre los empleados e inciden en el aumento de los índices de consumo de sustancias psicoactivas en diferentes sectores económicos.

Tradicionalmente, la atención de la farmacodependencia ocupacional se ha centrado en áreas de trabajo consideradas de alto riesgo, como la industria química, en las que los trabajadores pueden estar expuestos permanentemente a la inhalación de psicoactivos y otras sustancias. En estos casos, las medidas preventivas se relacionan con el establecimiento de sistemas de vigilancia ambiental y con la aplicación de pruebas de laboratorio al personal de las empresas, lo que permite determinar los niveles de exposición a los químicos.

Así mismo, se toman medidas similares en sectores como la explotación de minerales y procesamiento de hidrocarburos, en los cuales los programas de salud ocupacional se dirigen principalmente a evitar enfermedades respiratorias y otras afecciones físicas y neurológicas.

Mientras la prevención se concentra en el control de agentes tóxicos, se brinda menos importancia a los riesgos que podrían tener origen en la calidad del ambiente laboral y las condiciones de trabajo desde la perspectiva psicosocial, entre los que se incluyen los niveles de estrés, el tipo de jornada y la autoridad en la empresa, por ejemplo. Por otra parte, se descuidan sectores productivos que no se incluyen en la categoría de "alto riesgo", pero que muestran incidencia en el consumo de drogas.

Sectores de mayor consumo

El Estudio de Consumo de Sustancias Psicoactivas en la Población Trabajadora de Colombia, realizado en 1992 por la Fundación Santa Fe de Bogotá y la Escuela Colombiana de Medicina, arrojó cifras de consumo de diversas sustancias desagregado en siete sectores económicos.

En este estudio se indica que el cigarrillo es la droga más usada, pues la consume el 76,5% de los trabajadores. Siguiendo al análisis por sector, el de servicios y construcción (suministro de agua, gas y electricidad, y construcción) presenta el mayor consumo de cigarrillo, alcohol y marihuana, mientras que el de administración pública es el más adicto a los estimulantes, tranquilizantes e inhalantes. La cocaína se consume más en el área financiera e inmobiliaria, y el basuco en las empresas de manufacturas.

El sector agropecuario y de minas, agrupado en uno solo, así como los de comercio, hotelería y restaurantes, fueron superados por otros en los índices de consumo de todas las sustancias que se incluyen en el estudio.

Más datos disponibles

Además de las cifras anteriores, no existen estimativos que den cuenta del consumo de drogas en otros sectores laborales, ni por oficios o profesiones a nivel nacional.

Sin embargo, al consultar con especialistas en salud ocupacional o con terapeutas de farmacodependencia existe un consenso respecto a que el consumo de drogas es recurrente entre las personas que desarrollan determinadas actividades, como en el caso de los profesionales en medicina, especialmente los anestesiólogos, o entre quienes realizan tareas de vigilancia nocturna o transporte de carga.

Según Nelson Moreno, ingeniero de la división de prevención de riesgos de la Administradora de Riesgos Profesionales Colmena, en el sector de la salud es frecuente el consumo de morfina y otras sustancias como barbitúricos y anfetaminas, que resultan de fácil acceso para médicos y enfermeras.

Por su parte Efrén Martínez, asesor de la Federación Mundial de Comunidades Terapéuticas, afirma que a través de su trabajo ha detectado que buena parte de los farmacodependientes son profesionales en medicina, publicidad, arte y administración, que además registran preferencias por el alcohol y la cocaína, en tanto que otros, que pertenecen a sectores menos privilegiados económicamente, dedicados a la celaduría o el transporte público y de carga, revelan mayor consumo de alcohol, marihuana y basuco.

No obstante, aclara que actualmente la mayoría de las pacientes son poliadictos, es decir, consumidores habituales de dos o más psicoactivos, por lo cual la clasificación del consumo por droga no puede establecerse estrictamente.

Así mismo, las facultades de medicina y de artes de la Universidad Nacional realizan actualmente una investigación sobre farmacodependencia ocupacional, en la cual determinaron cinco áreas laborales que presentan un consumo frecuente de psicoactivos: mineros, transportadores de carga, profesionales de salud, chamanes y sector cultural y recreativo (artistas, deportistas y periodistas).

Como lo indica el médico Jairo Téllez, profesor asistente de la unidad de toxicología de la Universidad Nacional, para la selección de estos grupos de estudio se recurrió a la revisión de investigaciones realizadas en Colombia, Latinoamérica, Rusia y Estados Unidos.

En conclusión, la información que se tiene sobre el uso de drogas con respecto a los sectores productivos del país es limitada, pero los datos con que se cuenta actualmente reflejan que existen sectores económicos en los que se registra, en mayor o menor medida, consumo de sustancias psicoactivas.

La comprobación sistematizada de esta situación y un posterior análisis de los factores particulares de riesgos físicos, químicos y psicosociales que confluyen en el origen de esta problemática conducirían, por una parte, a lograr una mayor efectividad en las medidas preventivas y terapéuticas que se implementan y, por otra, a obtener una comprensión integral de la farmacodependencia ocupacional, sus causas y sus efectos en la vida social.

El riesgo de ser un adicto al trabajo

Panorama del consumo de drogas en el medio laboral

Entre los múltiples factores que se han asociado al consumo de sustancias psicoactivas se ha determinado que la prevalencia de estilos de vida relacionados con la búsqueda a ultranza del éxito material y la necesidad de alcanzar niveles máximos de productividad laboral inducen a un considerable porcentaje de la población a proveerse de elementos externos que le permitan cumplir con las exigencias de la vida moderna y con los efectos que éstas producen, como el estrés y el agotamiento.

Sin embargo, el escaso interés que se le ha concedido al tema de la adicción en el ámbito laboral no corresponde a los alcances que este problema genera en la población. Ni siquiera se ha efectuado un diagnóstico específico que permita comprender la dimensión de la situación y concertar políticas y acciones entre el Estado, la empresa privada y la sociedad; es así como la información con que se cuenta hasta el momento proviene de estudios aislados o de observaciones de profesionales de salud ocupacional.

Algunas aproximaciones en este campo se obtuvieron en el Seminario Internacional sobre Inhalantes, realizado hace cuatro años en Bogotá, en el que participaron investigadores de Colombia, México y Estados Unidos. En este evento se expuso la necesidad de enfrentar el consumo de psicoactivos en ambientes laborales como una prioridad de atención y se evidenció la existencia de factores ocupacionales que inducen a la adicción, entre los que se encuentran los riesgos psicosociales (arduas jornadas laborales, ejercicio indebido de la autoridad por parte del jefe, altos niveles de estrés y cansancio) y los físicos (exposición a inhalantes en forma permanente y prolongada).

Con todo, la situación del trabajador colombiano es precaria en cuanto al acceso de mecanismos de prevención, tratamiento y rehabilitación de farmacodependencia.

La Ley 100 de 1993, que reglamenta el sistema de seguridad social en salud, asigna estas funciones a las empresas prestadoras de servicios de salud (EPS) y a las administradoras de riesgos profesionales (ARP). Sin embargo, la obligación que le impone la Ley 100 se reduce a proporcionar servicios de terapia inicial a través de asesoría psicológica y psiquiátrica, que en algunas EPS consultadas se limita a cuatro o cinco sesiones.

Las ARP deben implementar sistemas de vigilancia y control que reduzcan o limiten la exposición a inhalantes y otras sustancias, al igual que ejecutar programas que fomenten estilos de vida y trabajo saludables.

Las EPS, por su parte, también realizan campañas de prevención, pero su principal responsabilidad es el tratamiento; es decir, que el tratamiento especializado y la rehabilitación posteriores corren por cuenta del trabajador.

Igualmente, dentro del marco legal no se hace un reconocimiento expreso de la relación que puede existir entre las causas ocupacionales y una eventual adicción a psicoactivos por parte del trabajador, pues en la tabla de clasificación de enfermedades profesionales no se incluye la farmacodependencia.

Se presentan casos en que no es necesario sorprender en flagrancia al empleado, pues es suficiente argumentar un bajo rendimiento a causa de la adicción, según Óscar Bernardo Sánchez, quien se ha desempeñado como abogado de la dirección de riesgos profesionales del Ministerio del Trabajo. En su opinión, no existen recursos legales para proteger al trabajador que presente un deficiente desempeño.

El solo hecho de detección del consumo le da la potestad a la empresa para desvincular al empleado sin reparar en el grado de adicción, la frecuencia o las causas de ésta, que pueden radicar incluso en las condiciones laborales a las que está sometida la planta de personal. Y la posibilidad de que la persona adicta acceda a servicios de tratamiento depende más de la voluntad de su patrono que de una oferta real desde el Estado colombiano.

Si bien no pueden desconocerse las implicaciones económicas que tendría aceptar abiertamente la existencia de la farmacodependencia ocupacional, la concentración de consumidores en el sector de los trabajadores exige realizar una política de atención integral, pues hasta ahora tan sólo se llevan a cabo acciones esporádicas de prevención.

En general, las disposiciones laborales vigentes reflejan la falta de voluntad para encarar la situación y lo que hasta ahora ha demostrado la experiencia es que el problema apenas comienza cuando se desvincula laboralmente al trabajador, y se agrava en la medida en que no se garantiza ningún medio para su rehabilitación.

Conciencia empresarial frente al consumo de sutancias psicoactivas (SPA)

Por Angela Tello,
Psicóloga, directora de la Corporación Caminos de Santiago de Cali.

Actualmente las empresas públicas y privadas han detectado la presencia de consumo de sustancias sicoactivas (SPA) entre sus trabajadores y empleados. Algunas –muy pocas– han decidido integrar a sus programas de bienestar laboral y salud ocupacional acciones específicas en prevención del consumo y promoción de la salud mental, ya que identifican claramente el bienestar del personal con la dinámica productiva y además consideran que un compromiso empresarial es velar por la salud de sus trabajadores.

La Corporación Caminos desarrolla el Programa de Atención Empresarial (PAE), que surge de una investigación realizada en la industria manufacturera en la que se detectaron la importancia y la necesidad urgente de implementar políticas y estrategias frente a la problemática del consumo en este sector socioeconómico en el cual transcurre una tercera parte del tiempo de empleados y trabajadores.

Indudablemente, la estigmatización que la sociedad establece para el consumidor de sustancias psicoactivas se transfiere al espacio laboral, dificultando que el trabajador exprese su situación por temor al despido, la reconvención o la discriminación social. Sólo cuando se han suscitado efectos evidentes el individuo opta por acercarse a programas de tratamientos que lo orienten y lo fortalezcan en la dignificación de su vida saludable, proceso que se realiza con el acompañamiento de la familia, que obra como agente protector del trabajador comprendiendo y apoyando su proceso de recuperación.

Al mismo tiempo se requiere el compromiso de los jefes, supervisores y compañeros de labor, a quienes se les orienta y capacita en el manejo de la situación, por cuanto en ocasiones desempeña, sin saberlo, el papel de coadicto, favoreciendo, encubriendo o subestimando el consumo, retrasando o entorpeciendo así el proceso de iniciación para la recuperación de las personas con estos problemas.

Infortunadamente en las empresas persiste la aceptación de las sustancias legales como el alcohol y el cigarrillo. Para esto último incluso se determinan áreas específicas para fumadores que, aunque expresan por una parte un mínimo respeto por los no fumadores, por la otra manifiestan el nivel de aceptación y tolerancia hacia este tipo de consumidor.

Frente al alcohol, las mismas empresas invitan a su consumo en los diferentes eventos sociales, culturales y deportivos, ya que suponen que no serían totalmente buenos y gratificantes si no se acompañan de unas cuantas cervezas u otras bebidas embriagantes.

Es tiempo ya de que las empresas se planteen esta realidad social, cultural y humana que afecta todas las estructuras de nuestra época y se comprometan, junto con todo su personal directivo, administrativo y operarios, a identificar las necesidades y problemas frente al consumo de sustancias psicoactivas (SPA) y la salud mental del trabajador para, desde allí, establecer planes y programas preventivos que fortalezcan su crecimiento humano, personal y ético, factores de protección claves que le permitirán afrontar su cotidianidad con una nueva actitud de respeto hacia sí mismo y hacia los otros.

La empresa requiere comprender a tiempo que el mayor capital con el que cuenta para afrontar el próximo siglo es el humano y que, por otra parte, el contexto y la dinámica del entorno social la determinan interna y externamente.