Quevedo


        Es hielo abrasador, es fuego helado,
     es herida que duele y no se siente,
     es un soñado bien, un mal presente,
     es un breve descanso muy cansado.
5      Es un descuido que nos da cuidado,
     un cobarde con nombre de valiente,
     un andar solitario entre la gente,
     un amar solamente ser amado.
          Es una libertad encarcelada,
10 que dura hasta el postrero parosismo;
     enfermedad que crece si es curada.
          Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
     ¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
     el que en todo es contrario de sí mismo!
                      (Francisco de Quevedo)


          Cerrar podrá mis ojos la postrera
     sombra que me llevare el blanco día,
     y podrá desatar esta alma mía
     hora a su afán ansioso lisonjera;
5  mas no, de esotra parte, en la ribera,
     dejará la memoria, en donde ardía:
     nadar sabe mi llama la agua fría,
     y perder el respeto a ley severa.
          Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
10 venas que humor a tanto fuego han dado,
     medulas que han gloriosamente ardido,
      su cuerpo dejará, no su cuidado;
     serán ceniza, mas tendrán sentido;
     polvo serán, mas polvo enamorado.
             


    Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, pelo bermejo. No hay más que decir para quien sabe el refrán que dice, ni gato de perro de aquella color. Los ojos, avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos; tan hundidos y obscuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz, entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que aún no fueron de vicio, porque cuestan dinero; las barbas, descoloridas de miedo de la boca vecina, que , de pura hambre, parecía que amenazaba a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos  y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate, largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía que se iba a buscar de comer, forzada de la necesidad; los brazos, secos; las manos, como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de media abajo, parecía tenedor, o compás con dos piernas largas y flacas; su andar muy despacio; si se descomponía algo, le sonaban los huesos como tablillas de San lázaro; la habla hética; la barba grande, por nunca se la cortar por no gastar; (...) Traía un bonete los días de sol, ratonado, con mil gateras y guarniciones de grasa; era de cosa que fue paño, con los fondos de caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se sabía de qué color era. Unos, viéndola  tan sin pelo, la tenían por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca parecía negra, y desde lejos, entre azul; llevábala sin ceñidor; no tenía cuello ni puños; lacayuelo de la muerte. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento ? Aun arañas no había en él; conjuraba los ratones, de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba; la cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado, por no gastar las sábanas; al fin, era archipobre y protomiseria.
   FRANCISCO DE QUEVEDO. Historia de la vida del Buscón. Cap. IV.
Cuévano: Cesto grande y hondo
hético: tísico, muy delgado
Filisteo: gigante
 


A UNA NARIZ

Ërase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una nariz sayón y escriba,
Érase un peje espada muy barbado;

Era un reloj de sol mal encarado,
Érase una alquitara pensativa,
Érase un elefante boca arriba,
Era Ovidio Nasón más narizado.

Érase el espolón de una galera,
Érase una pirámido de Egipto,
Las doce tribus de narices era;
Érase un naricísmo infinito,
Muchísimo nariz, nariz tan fiera
Que en la cara de Anás fuera delito.


OTRA VERSIÓN

Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado;

Era un reloj de sol mal encarado,
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase un espolón de una galera,
Érase una pirámide de egito,
Las doce tribus de narices era;

Érase un naricísimo infinito,
Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal, morado y frito.


A APOLO SIGUIENDO A DAFNE

Bermejazo platero de las cumbres,
A cuya luz se espulga la canalla:
La ninfa Dafne, que se afufa y calla,
Si la quieres gozar, paga y no alumbres.

Si quieres ahorrar de pesadumbres,
Ojo del cielo, trata de compralla:
En confites gastó Marte la malla,
Y la espada en pasteles y en azumbres.

Volvióse en bolsa Júpiter severo;
Levantóse las faldas la doncella
Por recogerle en lluvia de dinero.

Astucia fue de alguna dueña estrella,
Que de estrella sin dueña no lo infiero:
Febo, pues eres sol, sírvete de ella.



A DAFNE, HUYENDO DE APOLO

“Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, ¿y vos tan cruda?
Vos os volvéis murciélago sin duda,
Pues vais del Sol y de la luz huyendo.

Él os quiere gozar, a lo que entiendo,
Si os coge es esta selva tosca y ruda:
Su aljaba suena, está su bolsa muda;
El perro, pues no ladra, está muriendo.

Buhonero de signos y planetas,
Viene haciendo ademanes y figuras,
Cargado de bochornos y cometas”

Esto la dije; y en cortezas duras
De laurel se ingirió contra sus tretas,
Y, en escabeche, el Sol se quedó a escuras.



LETRILLA

Poderoso caballero
Es don dinero.

Madre, yo al oro me humillo;
Él es mi amante y mi amado
Pues, de puro enamorado,
De contino anda amarillo;
Que pues, doblón o sencillo,
Hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nace en la indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Es galán y es como un oro,
Tiene quebrado el color,
Persona de gran valor,
Tan cristiano como moro.
Pues que da y quita el decoro
Y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero
Es don Dinero.

Son su padres principales,
Y es de nobles descendientes,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son reales;
Y pues es quien hace iguales
Al duque y al ganadero,
poderoso caballero
Es don Dinero.

Mas, ¿a quién no maravilla
Ver en su gloria sin tasa
 Que es lo menos de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Pero, pues da al bajo silla
Y al cobarde hace guerrero,
poderoso caballero
 Es don dinero.

Sus escudos de armas nobles
Son siempre tan principales
 Que sin sus escudos reales
 No hay escudos de armas dobles;
Y pues hasta los mismos robles
Da codicia su  minero,
poderoso caballero
Es don Dinero.

Por importar en los tratos
Y dar tan buenos consejos,
En las casas de los viejos
Gatos le guardan de gatos.
Y pues él rompe recatos
Y ablanda al más severo,
poderoso caballero
Es don Dinero.

Y es tanta su majestad
(aunque son sus duelos hartos),
que con haberle hecho cuartos,
no pierde su autoridad;
pero, pues da calidad
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nunca vi damas ingratas
 A su gusto y afición,
Que a las caras de un doblón
 Hacen sus caras baratas;
Y pues hace las bravatas
Desde la bolsa de cuero,
poderoso caballero
 Es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
(¡mirad si es harto sagaz!)
sus escudos en la paz
que rodelas en la guerra.
Y pues al pobre le entierra
Y hace propio al forastero,
poderoso caballero
Es don Dinero.



Contra el mismo (Góngora)

Tantos años, y tantos todo el día,
menos hombre, más Dios, Góngora hermano.
No altar, garito sí; poco cristiano,
mucho tahúr, no clérigo, sí arpía.

Alzar, no a Dios: extraña clerecía.
Misal apenas, naipe cotidiano;
sacar lengua y barato, viejo y vano,
son su misas, no templo y sacristía.

Los que güelen tu musa  y tus emplastos,
cuando en canas y arrugas te amortajas,
tal epitafio dan a tu locura:

"Yace aquí el capellán del rey de bastos,
que en Córdoba nació, murió en Barajas
y en las Pintas le dieron sepultura"

    FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS.


 Quien quisiere ser Góngora en un día
la jeri (aprenderá) gonza siguiente:
fulgores, arrogar, joven, presiente,
candor, construye, métrica, armonía;
poco, mucho, si, no, purpuracía,
neutralidad, conculca, erige, mente,
pulsa, ostenta, librar, adolescente,
señas, traslada, pira, frustra, harpía.
Cede, impide, cisuras, petulante,
palestra, liba, meta, argento, alterna,
si bien, disuelve, émulo, canoro.
Use mucho de líquido y de errante,
su poco de nocturno y de caverna,
anden listos livor, adunco y poro;
que ya toda Castilla
con sola esta cartilla
se abrasa de poetas babilones,
escribiendo sonetos confusiones;
y en la Mancha pastores y gañanes,
atestadas de ajos las barrigas,
hacen ya soledades como migas.
 

FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS:  Aguja de navegar cultos con la receta para hacer "Soledades" en un día, y es probada.

De una dama que, quitándose una sortija, se picó con un alfiler.

   Prisión del nácar era articulado
  (de mi firmeza un émulo luciente)
  un diamante, ingenïosamente
  en oro también él aprisionado.
    Clori, pues, que su dedo apremïado
  de metal, aun precioso, no consiente,
  gallarda un día, sobre impacïente,
  lo redimió del vínculo dorado.
   Mas, ay, que invidïoso latón breve
  en los cristales de su bella mano
  sacrílego divina sangre bebe:
   púrpura ilustró menos indïano
  marfil, invidiosa, sobre nieve
  claveles deshojó la Aurora en vano
      (1620)
 

Luis de Góngora, Soneto CLX. Poesía lírica del Siglo de Oro.  Madrid, Cátedra, 1979. Ed. de Elías L. Rivers.


 
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