Sánchez Ferlosio
El Jarama
“-Debían de establecer unos domingos el doble largos
que los días de la semana –había dicho Samuel- , ¿no
es verdad, Mariyayo?, ¿a que sí? Mientras no hagan eso no
hay tu tía.
-O el triple. Todo lo largos que se hacen los días de
labor. Con eso ya estábamos al cabo de la calle.
-Sois la caraba, lo queréis todo
-No es todo, es algo.
-¡Que barbaridad, qué exigencias! –dijo Fernando-. Dí,
¿tan mala vida te dan ahí donde trabajas? Pues yo creía
que en los bares se pasaba divertido.
-¿Vas bueno! Divertido será para verlo desde fuera. Pero
por dentro, el infierno número uno. De verdadero desastre, chico;
no una cosa cualquiera, no te vayas a creer.
-¡Desesperada te veo!
-Más harta que harta, hijo mío. Tú no veas lo
harta que estoy. Menos mal que tan solo me doy cuenta los días como
éste. Entre semana se me olvida; y gracias a eso tiramos.
-Será porque quieres, una muchacha como tú –sonreía
Fernando-. Vas a ver qué fácil: te proporcionas por ahí
un potentado, ¿verdad? Y luego con un poquito suerte y otro poquito
de soltura, te saca de apuros para siempre. Y a vivir se ha dicho, pero
a la gran dumón.
-Mira, mira, no me cuentes películas ahora. Eso ya es harina
de otro costal. No tengo yo precisión de ponerme a la huella
de ningún potentado.
-Era un consejo.
-Gracias, me encuentro muy bien donde estoy. Así es que no vayas
por ahí, que por ahí perdemos las amistades.
-Era por enredar. Lo sé de sobra; imagínate tú,
con ese espejo que tienes en la cara.
-Ni tanto ni tal calvo; ya me parece que te excedes.
-¿Qué os traéis ahora? –decía María
Luisa-. ¿Ya no sois amigos? ¡Pronto!
-Que sí mujer, -replicó Mariyayo-; ¿va a tener
en cuenta lo que diga este sujeto? –miró a Fernando con media sonrisa-.
¡Son pompas de jabón!
-Eres un ángel, -dijo el-.
RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO. El Jarama
Índice