Delibes, Miguel
En teniendo con qué alimentarnos
y con qué cubrirnos, estemos con eso contentos. Los que quieren
enriquecerse caen en tentaciones, en lazos y en muchas codicias locas y
perniciosas que hunden a los hombres en la perdición y en la ruina,
porque la raíz de todos los males es la avaricia, y por eso
mismo me será muy difícil perdonarte, cariño, por
mil años que viva, el que me quitases el capricho de un coche. Comprendo
que a poco de casarnos eso era un lujo, pero hoy un Seiscientos lo tiene
todo el mundo, Mario, hasta las porteras si me apuras, que a la vista está.
Nunca lo entenderás, pero a una mujer, no sé como decirte,
le humilla que todas sus amigas vayan en coche y ella a patita, que, te
digo mi verdad, pero cada vez que Esther o Valentina o el mismo Crescente,
el ultramarinero, me hablaban de su excursión del domingo me enfermaba,
palabra. Aunque me esté mal decirlo, tú has tenido la suerte
de dar con una mujer de su casa, una mujer que de dos saca cuatro y te
has dejado querer, Mario, que así qué cómodo,
que te crees que con un broche de dos reales o un detallito por mi santo
ya está cumplido, y ni hablar, borrico, que me he hartado de decirte
que no vivías en el mundo pero tú, que si quieres. Y eso,
¿sabes lo que es, Mario? Egoísmo puro, para que te
enteres, que ya sé que un catedrático de Instituto no es
un millonario, ojalá, pero hay otras cosas, creo yo, que hoy en
día nadie se conforma con un empleo. Ya, vas a decirme que tú
tenías tus libros y “El Correo”, pero si yo te digo que tus libros
y tu periodicucho no nos han dado más que disgustos, a ver si miento,
no me vengas ahora, hijo, líos con la censura, líos con ls
gente y, en sustancia, dos pesetas. Y no es que me pille
de sorpresa, Mario, porque lo que yo digo, ¿ quién iba a
leer esas cosas tristes de gentes muertas de hambre que se revuelcan en
el barro como puercos?. Vamos a ver, tú piensa con la cabeza, ¿quién
iba a leer ese rollo de “El Castillo de Arena” donde no hablas más
que de filosofías? Tú mucho con que si la tesis y el impacto
y todas esas historias, pero ¿quieres decirme con qué se
come eso? A la gente le importan un comino las tesis y los impactos, créeme,
que a ti, querido, te echaron a perder los de la tertulia, el Aróstegui
y el Moyano, ese de las barbas, que son unos inadaptados.
MIGUEL DELIBES: Cinco horas con Mario.
Madrid, Destino, 1966.
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