Poema de Mío Cid
 
CANTAR DEL DESTIERRO  ( v.v.  1-54)

         Le hubiesen convidado con agrado, pero ninguno se atrevía;
         tan grande era la saña que le había cobrado el rey Don Alfonso.
         Antes de anochecer en Burgos entró la carta del rey,
         con gran despacho y fuertemente sellada:
    5 " A mío Cid Ruy Díaz que nadie le diese posada.
         y aquel que se la diese le daba palabra
         de que perdería los haberes, e incluso los ojos de la cara,
         y que además (perderían) los cuerpos y las almas".
         Gran pesar sentían las gentes cristianas;
   10 se escondían de mío Cid, pues no se atrevían a decirle nada.
            El Campeador se adelantó a su posada;
         tan pronto como llegó a la puerta, hallóla bien cerrada,
         por miedo del rey Alfonso que así lo había dispuesto:
         que si no la tiraban, que no se la abriese por nada.
   15 Los de mío Cid a altas voces llaman
         los de dentro no les querían devolver palabra.
         Aguijó mío Cid, a la puerta se llegaba,
         sacó el pie del estribo, una herida le daba (a la puerta);
         no se abre la puerta, pues estaba bien cerrada,
    20 Una niña de nueve años ante sus ojos se presenta:
         "Ya Campeador, en buena hora ceñiste la espada!
         El rey lo ha vedado, anoche entró su carta,
         con gran despacho y fuertemente sellada.
         No osamos  abriros ni a recogeros por nada;
  25   si no perderemos los haberes y las casas,
         y todavía más los ojos de la cara.
         Cid, en nuestro mal vos no ganáis nada;
         pero que el Creador os valga con todas sus virtudes santas".
         Ya lo ve el Cid que del rey no tenía gracia.
30     Se alejó de la puerta, por Burgos marchaba,
         llegó a Santa María, luego descabalgaba;
         hincó las rodillas, de corazón rogaba.
         Hecha la oración, después cabalgaba.
 

CANTAR DE LAS BODAS   (vv. l885 - 1907)

            "Merced os pedimos como rey y señor:
         con vuestro consejo queremos hacerlo,
         que nos pidáis las hijas del Campeador;
         casar queremos con ellas, para su honra y nuestro provecho."
5      Por algún tiempo el rey pensó y meditó:
         "Yo desterré al buen Campeador;
         y haciéndole yo a él mal, y él a mí gran provecho,
         del casamiento no sé si gustará;
         mas pues vosotros lo queréis, comencemos la plática"
  10  A Minaya Alvar Fáñez y a Pedro Bermúdez
         el rey Don Alfonso entonces los llamó
         a una habitación, él los apartó:
         " Oídme Minaya, y vos Pedro Bermúdez:
         Sírveme mío Cid, Ruy Díaz Campeador,
15     él lo merece, y de mi tendrá perdón;
         venga a vistas si gusta de ello.
         Otros asuntos hay en esta mi corte:
         Diego y Fernando, los Infantes de Carrión,
         desean casar con sus dos hijas.
20     Sed buenos mensajeros y ruégoslo yo
         que se lo digáis al buen Campeador;
         quedará honrado y crecerá en honor,
         por emparentar con los Infantes de Carrión.!
 
 

 CANTAR DE LA AFRENTA DE CORPES   (v.v. 3715 - final)

            "¡Ahora encuentran libres las heredades de Carrión!
         Sin vergüenza las casaré, pese a quien pese."
            Anduvieron en pláticas los de Navarra y Aragón,
         tuvieron su junta con Alfonso de León.
5     Hicieron sus casamientos doña Elvira y doña Sol:
         los primeros fueron grandes, pero son mejores éstos;
         las casa con mayor honra de la que antes fue.
         Ved cómo aumenta la honra del que en buen hora nació,
         cuando señoras son sus hijas de Navarra y Aragón.
10     Hoy los reyes de España sus parientes son,
         a todos alcanza honra, por el que en buen hora nació.
       Dejó este siglo mío Cid, de Valencia señor
         el día de Pascua de Pentecostés: ¡ de Cristo tenga perdón!
         ¡Así nos haga a todos, justos y pecadores!
15         Estas son las hazañas de mío Cid el Campeador:
         en este lugar se acaba la narración.

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